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Festival Flamenco Valle Gitano, con el corazón en la mano

14 septiembre, 2021

No hay que juzgar a una persona por sus cualidades sino por el uso que hace de ellas (Rochefoucauld)

Tras suspenderse la edición de 2020 por la pandemia, la Hermandad de los Gitanos, a beneficio de las obras asistenciales, rindió homenaje a los sanitarios de la UCI de los hospitales de Sevilla en el III Festival Valle Gitano. Actualmente, aunque no esté asentado, es el único festival flamenco en la ciudad de Sevilla, y, sin embargo, la mayoría de los medios de comunicación, y sus críticos, no consideran que merezca cobertura. La organización, con el maravilloso espacio y la destacada megafonía, crearon un marco idóneo para disfrutar de esta música, que, además, consigue reunir entre el público, a algunos de los pocos flamencos que existen, al menos en Sevilla.

El cartel comprende artistas englobados geográficamente en algunas de las zonas flamencas por excelencia, y por historia: Lebrija, Utrera y Jerez. Faltaría Triana.

Al margen de gustos, los intérpretes, son herederos de sus mayores, pero no tanto en el cante como en los apellidos. Lógicamente no cantan igual, ni, es posible, que deban hacerlo; ahora bien, promocional y mercantilmente han tomado el legado, la herencia. En la práctica no es así. Y repito, al margen de los gustos que cada cual tenga de los intérpretes. María Terremoto no hace el cante de su padre o/y abuelo, ni se registra como ellos, ni incluso con su repertorio, ya que, por ejemplo, es capaz, viniendo de una jerezana, acordarse en varias ocasiones de Morente; y habría que añadir que, actualmente, debido a la pérdida de peso, que influye en su diafragma, su voz ha cambiado. Rancapino Chico es un clon de su paisano Antonio Reyes, o a la inversa. Su cante melódico, a veces meloso, está exento de desgarro, de inspiración, y del ‘corazón por la boca’ del que hablaba Antonio Mairena, elementos que han marcado el cante de sus maestros, aunque se acuerde de estos insistentemente en sus recitales, pero, no en lo expuesto, sino sobre todo en las coplas: Juan Villar, Chiquetete, Turronero, y su padre, claro. Antes del chiclanero, compartieron escenario El Chimenea, Mari Peña y El Borrico. Toná, soleá por bulerías y seguiriyas respectivamente. Con el jerezano ocurre algo similar que con los arriba mencionados; en su caso, canta por Jerez, pero intentando mimetizar con aspavientos el cante de su abuelo cuando este tenía sesenta años, y claro, eso no significa sucesión. Anabel Valencia fue la excepción. La lebrijana ofreció un recital valiente, honesto y muy profesional.

El baile, como colofón, lo propuso El Farru. Otro ejemplo más. No es que se parezca/pareciera poco a su abuelo, sino que la mitad de su actuación fue cantando y acompañándose de la guitarra (también lo hace, a veces, su hermano), interpretando canciones aflamencadas que dejó perplejo al público, y desde luego, no precisamente por su calidad. Inaudito, rozando lo escandaloso.

Es decir, vivir de una marca es cómodo, sea de lo que sea. Y el cante y el baile es otra cosa, o no es todo eso.

Es una lástima, porque los artistas mencionados – y una gran mayoría de los jóvenes actuales – sobre todo los más mediáticos, son excelentes intérpretes, con cualidades, conocimientos, vivencias… De ahí que, haya que ser exigentes con ellos, siendo eso difícil si aplaudir de pie pidiendo el bis se convierte en una inercia, en una rutina, precisamente como el cante y baile que se comenta.

Lo único que sé es que he cantado siempre con el corazón en la mano (Tío Borrico).

Juan Antonio Rodríguez Juano para flama

 

Jardines del Valle. Sevilla.  III Festival Flamenco Valle Gitano. Cante: Anabel Valencia. Luis de Chimenea. Manuel Fernández `El Borrico`. Mari Peña. María terremoto. Rancapino Chico. Guitarras: Nono Jero, Curro Vargas. Antonio Higuero, Antonio Moya, José Gálvez. Baile: El Farru. Entrada: lleno. Sevilla, 11 de septiembre de 2021.

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