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FESTIVAL FLAMENCO JEREZ. Rocío Molina, mitología y vanguardia

2 marzo, 2016
Después haber visto a Rocio Molina en el teatro Villamarta y en la bodega de La Concha (parte de la Bodega de González Byass, ideada por el mismísimo Eiffel), es complicado volver a ver un espectáculo de baile flamenco y mantener el interés.
La interpretación de la bailaora malagueña de su obra El Bosque Ardora durante el Festival Flamenco de Jerez de la Frontera  fue muy inteligente. Quizas difícil de entender para un público exclusivamente flamenco, sin interés en la heterodoxia y la danza; la obra no estaba basada en el baile, cante o toque. Nada de eso. La música estaba desenraizada y partía de las entrañas de Rocío.
Todo el espectáculo estuvo a compás; ya sea siguiriya, tangos, tanguillos… y el palo más reconocible: la soleá, donde la artista no puede escapar a su destino. Lo bailó tal como lo sentía… y pellizcando al público. Comenzó como una diosa de la naturaleza, de la mitología. El cuerpo de baile estuvo a la altura. Al igual que ella, con fuerza y elasticidad (¿hay algo que ella no pueda hacer con su cuerpo?). Y lo más importante, sin egos.Posteriormente, bajaron del reino de la mitología y se transformaron en seres humanos, pero manteniendo la bestia que llevaban dentro. Escenas de sexo, donde una vez mandaba lo femenino y otras lo masculino. La música mantenía la tensión, en un papel casi tan importante como la misma danza. Los trombones tocaban a veces free jazz a compás, y luego solo se veía el movimiento de los instrumentos y se escuchaba la respiración de los músicos, cual nazarenos detrás de la imagen de la Semana Santa.
Los tres jugaban en el bosque, un bosque real, con árboles en el escenario que transmitían la sensación de frío hacía el patio de butacas. Sobre el escenario, intercarmbiaban el papel de cazadores a víctimas. Siempre bailado con humor (al igual que los músicos; sobre todo el compás del percusionista) y, a la vez, seriedad, sensibilidad y muy abierto al publico. El espectador podría hacerse una idea de lo que estaba viendo sobre las tablas sin siquiera leer el programa de mano.
En cuanto a la interpretación de Rocío en La Concha, iba vestida de torera (e interpretaba también el papel del toro), con protectores para los codos y rodillas. Un escenario cuadrado, minimalista. El Oruco al ritmo.
Y de repente llegó el cante representado por una de las figuras jondas de Jerez, don Fernando de la Morena. Quejío con mucho estilo… y Rocio le cuidaba. ¡Qué cosa más bonita! Esa joven – el Picasso del baile flamenco -, cuidando a ese hombre que parecia tan fragil. Ella que bailaba, y se caía, pero cogía la mano de ese hombre, que parecía un ángel caído. Y para rematar la faena, Rocío se vistió cual ángel de la guarda, toda de blanco.

La malagueña también bailó sobre la arena de la bodega. Y siempre caminando con parsimonia, y acer´candose al público, para que pudiera también disfrutar de ese momento tan emotivo. ¡Qué momento más único!

Jorinde Cielen para Flama
Fotografía: Javier Fergo

rocio-molina-flamenco-festival-jerez

FICHA ARTÍSTICA

Coreografía, dirección artística y musical Rocío Molina
Dramaturgia, dirección artística y guión vídeo Mateo Feijoo
Dirección musical, composición y arreglos para cante Rosario «La Tremendita»
Composición original y arreglos para trombones Eduardo Trassierra
Composición de pasaje de trombones Pablo Martín Caminero
Composición original para trombones de la pieza Mandato Dorantes
Diseño de iluminación Carlos Marquerie
Diseño de espacio sonoro Pablo Martín Jones
Letras Maite Dono

Baile Rocío Molina, Eduardo Guerrero y Fernando Jiménez

MÚSICOS

Guitarra Eduardo Trassierra
Cante y bajo eléctrico José Ángel Carmona
Palmas y compás José Manuel Ramos “Oruco”
Batería y electrónica Pablo Martín Jones
Trombón José Vicente Ortega, Agustín Orozco

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