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Eva Yerbabuena baila y vuela por Morente en la Suma Flamenca

17 diciembre, 2020

Danzar… dícese del acto de ejecutar movimientos acompasados, aunque muchas veces, la definición oficial queda demasiado corta cuando el verbo es conjugado con el alma.

Danzar… aquel mágico momento donde el cuerpo  eleva su propia plegaria a los dioses más insospechados, en el que basta apenas un sutil giro de hombro para traspasar el limbo entre un simple movimiento y un completo vuelo.

Eva María lo sabe muy bien, y como ya conoce de sobra las mil maneras de volar, ha elegido para esta versión de la Suma Flamenca de Madrid, una de la que ella misma se confiesa inspirada hasta los huesos, por las alas que le crecen cuando oye la voz de Enrique Morente.

Y el maestro, cómo no, estuvo presente otra noche más. Esta vez, a mediante fragmentos de su voz entre escena y escena, cual espíritu invisible pero poderoso ante cuyo encanto caíamos todos rendidos. Todos, sobre todo ella, que no dejó ni un segundo de transmitir el respeto y pasión con que le ofrecía ese homenaje llamado Dmadrugá.

Una exquisita puesta en escena que no sorprende cuando se trata de la Yerbabuena, coreógrafa, directora, bailaora, bailarina, creadora y sobre todo Artista con mayúscula, recorrió cantes y palos variados evocando el universo del genio granaíno, arrancando con una flamenquísima balada que escuchaba atenta e inmóvil la bailaora desde el centro del escenario, cual plegaria inicial que llenaba de energía un teatro colmado. Hasta los asientos vacíos de la Sala Roja parecían mirar con expectativa y se encogían con el retumbo de la sinfonía que en pocos segundos formaban las voces de los tres cantaores a la vez. Voces precisas y con personalidad propia.

Muy personal también el cante de Sandra Carrasco, que entraba a escena con el Romance de la Molinera por soleá, mientras giraba alrededor de una Yerbabuena atrapada en medio de una mesa, donde desplegaba su faceta más contemporánea de la noche. Después bata de cola y luego mantón, pero fue su flamenquísimo vestuario con mandil y flor en pelo el que acompañó el momento clímax de aplausos, que premiaba su impecable baile por tangos sorteando a sus músicos y cantaores, que en todo momento fueron también parte de una coreografía cabal.

Bailando los sentimientos en fondo y forma

Y es que tanto esmero y precisión milimétrica en un montaje merece todos los aplausos. No cabe duda que además del baile, para la artista cada pequeño detalle hace la diferencia. La influencia de Pina Bausch resalta con frecuencia, y aunque Eva siempre asegura que lo que más aprendió con ella es “a bailar los sentimientos, sin límites”, el toque de la genia alemana se nota también en la estética de sus originales puestas en escena.

A compás, una entrega absoluta de toda la compañía que además de Eva, tiene por pilar a Paco Jarana y su guitarra. Junto a ellos, las voces de Segundo Falcón, Miguel Ortega y Alfredo Tejada y una percusión que es el latido del espectáculo, en manos de Antonio Coronel y Rafael Heredia.

Finalmente, vestida de brillante negro cerraba el espectáculo con la humildad que desborda, agradecida y confesando que a Enrique Morente le ha querido, le quiere y le seguirá queriendo en esta y en otras muchas vidas.  No nos caben dudas, y no solo por el especial amor que le puso a la gala en su nombre, sino también al leer las palabras que ella misma le escribió en la presentación de su espectáculo:

“… Era sabio de a pie – Estamos vivos de milagro, su gran frase para mí-. Si vivir es pasar inadvertido, él vivió la vida de los que nunca morirán, de los que viven mientras duermen los demás, de madrugá, alimentando los sueños, escuchando el alma sin los ruidos rutinarios, con otro pensamiento, otro aire, con rincones invisibles, sentimientos que se escapan de las sombras… Y un eco: «Aquel que le pareciere que mis penillas no eran na, si quiera por un momento se pusiera en mi lugar». Como el arte: sencillez, complicidad, silencio, grito, picaresca, el «ay» de ayer y hoy y el «ole» siempre. Presente en el reloj del tiempo de una eternidad. Siempre Morente, siempre tiempo, siempre tú…”.

Paula Y. Valdez para Flama

 

 

 

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