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El Río de la juventud jerezana inicia la 51 Fiesta de la Bulería de Jerez de la Frontera

24 agosto, 2018

La 51 edición de la Fiesta de la Bulería de Jerez inició con compás y ritmo, con el soniquete ancestral del barrio de Santiago. Una escuela inagotable que sigue creciendo en los rincones de las calles Nueva, Cantarería, Merced, y en la tan celebrada calle Moraíto Chico, en honor a uno de los vecinos ilustres de este arrabal jerezano. Disfrute y asombro. Nos dejamos llevar por la corriente de este Río de la Bulería que presentaban Curro Carrasco, en lo musical, y Juan Herrera, en guión e ideas, con el fin de hacernos adentrar en las entrañas de la banda sonora que marcaron los tiempos de un Jerez con gracia y alegría.

De una manera u otra, este inicio de festival nos invita a conocer el misterio que sigue existiendo generación tras generación, de ver a unos niños bailar con la misma elegancia y desparpajo que sus padres, abuelos… Así comienza la propuesta, con la escenografía de juego de niños, para de buenas a primeras, de forma «espontánea», celebrar la vida con el cante y el baile. Curro, el director, estimó oportuno recuperar la presencia de artistas santiagueros que hacía algún tiempo que no pisaban tierra santa, porque han hecho, entre otros motivos, carrera en Madrid. Caso de Juañares, un cantaor de imponente nivel que mostró categoría por granaínas, bulerías, cantiñas y lo que le echaran. ¡Qué buen eco! Cada escena estuvo más cuidada de lo normal para este tipo de festival, que ha tenido carácter popular y tradicionalista en las formas, pero que se va acercando a muestras más actuales-actualizadas. Dividido en escenas compartidas, todo transcurrió en buena armonía y con compañerismo, en grupos, y sin ánimo de dejar aburrido al público.

La juventud apuesta fuerte por la tradición, aunque Diego Carrasco, el maestro, muy maestro, de ceremonias, nos mostrara la faceta más alternativa y moderna de un barrio que no olvida a María Bala, en la bulería de su sobrina Lela Soto, o a Adela La Chaqueta, con las bulerías de Felipa del Moreno, o a los aires de Lebrija y Utrera que nos trajo Anabel Valencia.  El baile más solemne de la jornada llegó de las manos, los pies, las posturas y estampas de Gema Moneo, que crece como la espuma convirtiéndose en la primera figura del baile de su generación, fiel reflejo de la categoría que ha tenido la escuela jerezana del baile en la historia. Hizo soleá por bulerías y bulerías que nos hicieron rendirnos. El apellido Carrasco quedó en un buen lugar con Enrique Remache, joven que destaca entre todos, por taranta, y Maloko Soto, que lo mismo se acerca a lo nuevo que a lo viejo, con los fandangos de El Gloria.
De lo mejor de la noche, sin duda, el metal de Antonio Agujetas Chico. El hijo de Dolores Agujetas nos crujió los huesos por seguiriyas, bulerías para escuchar, algún martinete y bulerías. Hay que subrayar la presencia de este cantaor, que además sabe tocar bien la guitarra, en un espectáculo al que aporta el contrapunto, pues él se muestra introvertido, tímido y profundo, propio de su saga cantaora. Y Sorderita, con esas aportaciones en pequeñas dosis que bañó de buen gusto la armonía musical de la noche. La riqueza creativa de este hombre sigue siendo única. Tomasito, otro cantar. Tomasito, otro mundo. Tomasito, contigo no hay quien pueda. Tomasito, para que reine en su estilo. Tomasito, de la calle Cantarería. Tomasito, ¡viva tú! Otro de los más destacados en la noche fue José Valencia, cuyo eco retumbó en la Alameda Vieja como una loca llamada a los dioses. Dominio y control, artista que maneja la escena sin problemas y que ejecuta los cantes de manera exquisita.
El espectáculo cuenta con la presencia de nuevas tecnologías audiovisuales y algunos recursos teatrales que fueron marcando el  devenir de la historia y que mantuvo al público del primer día de la Fiesta de la Bulería atento desde el principio a fin. Todo acabó por bulerías, con todo el elenco encima y con la pincelada de arte de Manuel Soto El Bo.
Texto, fotos y vídeos de Juan Garrido

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