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El Potaje Gitano de Utrera 2018, que homenajea a Moncho, destaca por su sinceridad y un Pele que bordó la noche

4 julio, 2018

Una olla de potaje de frijones, cuchara de palo y vino tinto. Hace más de 60 años que arrancó el primer festival flamenco del mundo, el Potaje Gitano de Utrera; sin pretensiones, se inició  con una celebración de aquel esplendor de su procesión de los Gitanos, como si se celebrara un bautizo o una boda entre familias.

Después de tantos años no ha cambiado su doctrina. Seguimos viviendo ese enmarque jovial y espontaneo donde todo el público y los artistas comprenden a qué vamos el último sábado de junio a Utrera.

Se apagan las luces y entra Rancapino Chico, empezó frío pero fue creciendo según avanzaba, defendiendo su cante, su estilo, el de su saga, un cante que te mete por donde él lo conduce.

Decayó algo el ritmo hasta que salió Inés Bacán con su porte gitano que sobrecoge, a la que el público recibió con cariño y deseo, y en su primer potaje, mostró esa forma tan particular de cantar, con una seguiriya que retuerce la congoja de este cante.

Tomás de Perrate, voz profunda y recóndita. Tiene el sello de Utrera, de su padre, de La Fernanda. Es auténtico, su voz se te mete dentro desgarrándote a la vez que acaricia.

Tomasa La Macanita levantó las almas y aunque llevaba cinco meses sin cantar, explotó con poderío coloreando los sonidos de su cante con una voz autentica y vigorosa.

Llegó el momento del homenajeado, Moncho, el Gitano que canta boleros. Estaba agradecidísimo, emocionado y a pesar de estar retirado de los escenarios, cantó con tanto cariño y enternecimiento que nos hizo sentir y quererle. ¡Qué bonito!

Apareció el patriarca del cante, el rey, el maestro del flamenco actual. Cantó una zambra con la que nos arrancó el alma, nos hizo sentir su cante en lo más recóndito del corazón. El Grandioso Pele, la formó. La soleá es suya, se retuerce de sentimientos, supera cualquier conquista. Nos hizo llorar de emoción, agradeciéndole que exista. Para colmo, con toda la humildad del mundo, nos agasaja tocando la guitarra y cantando. Levantó al público ovacionándole sin querer que se fuera.

Destacar el baile de Pepe Torres, fino y recordando momentos de antiguos.

El Farru remata el cartel, puro Farruco asemejándose cada vez más a su abuelo. Es un artista en todo lo que hace, también cogió la guitarra y cantó más que bien.

Un final de fiesta donde echamos de menos la participación de La Macanita que a pesar de estar en el escenario no se arrancó, quizás porque Tomasito asumió el protagonismo utilizando su gran compás para divertir.

Un Potaje de calidad, donde destacó la emoción, la sensibilidad y la generosidad de artistas consagrados y monumentales.

La Bronce para Flama (texto e imágenes)

 

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