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El Pele, ‘rara avis’ en la Bienal de Flamenco de Sevilla

16 septiembre, 2020

La heterodoxa indumentaria de El Pele en la Bienal de Flamenco de Sevilla haría chirriar posiblemente al sector duro de la flamencólica crítica sevillana si no fuera porque el cantaor cordobés es uno de los grandes intérpretes de la actualidad. Y de los que escasean. Con este artista hay que descubrirse, y no es una novedad; siempre ha sido así en su trayectoria, y filosofía vital. El Pele es una rara avis en el panorama actual; se busca, se rompe, balancea el cante, juega con el compás y se sumerge en jondísimos tonos bajos cuando deja flojas sus muñecas. Suena a viejo y suena a nuevo. No entiende este arte de otra forma. A veces, su mente va por delante; otras, su vehemencia vibrante. Y en otras, la confluencia de ambos elementos desprende un estado atávico que estremece.

Ahora bien, esa forma interpretativa no es mecánica, no es homogénea ni lineal. Su sinceridad interpretativa no está reñida con ello. De ahí, que anoche, estuviera más comedido que en otras ocasiones, echándose de menos los desgarros en su voz, esos quejíos sobrecogedores, que no gritos. No siempre se canta igual, aunque muchos sí lo hacen.

Incluso su repertorio es diferente a la gran mayoría. Abrió el recital con una vidalita de Marchena, añadiendo una granaína, por bulerías. A partir de ahí los motores se fueron calentando: minera, taranta, malagueñas de El Mellizo (con los casi ineludibles aires de Aurelio de Cádiz), soleares (Alcalá, Triana, Jerez), seguiriyas jerezanas (Paco la Luz, Tío José de Paula, El Marruro, El Loco Mateo), alegrías-cantiñas y unos personalísimos fandangos de Huelva. Un repertorio expuesto a su aire, a su forma, y con la sombra alargada de Caracol.

No es habitual que el cantaor cordobés realice un recital alternando varias guitarras; posiblemente exigencias del guión. Su habitual, Niño Seve, fue el que menos le acompañó, con un cante; el que más, curiosamente, Diego del Morao, que no se prodiga con El Pele. Dani de Morón, por su parte, se halla más en su aclamada faceta de concertista.

Y al final, ya fuera del recinto, algunas voces afirmaban que, hasta la fecha, con lo transcurrido en la XXI Bienal, había sido lo mejor en el apartado de cante. Y este año se vuelven a conceder los anacrónicos e irrelevantes Giraldillos.

Juan Antonio Rodríguez

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