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El Pele, primera noche de cante grande en el Festival Flamenco de Nîmes

18 enero, 2015

Manuel Moreno Maya El Pele cumplió sus 61 años en el escenario del Théâtre de Nîmes y 47 de ellos sobre las tablas, como el mismo cantaor reconocía (el público le cantó feliz cumpleaños). Y buen regalo devolvió al público francés, que pudo deleitarse con uno de los mejores cantaores que existen actualmente en el panorama flamenco. Además, El Pele se encuentra en un momento muy dulce en el cual es dueño y poseedor de la actual llave del cante, en un momento en el que esta faceta del flamenco se encuentra algo debilitada.
Manuel Silveria, al toque, creaba ambiente de jondura para que El Pele interpretara como él solo sabe. A su manera, con un estilo muy singular que lo hace reconocible en cualquier momento y situación. Posee su propio duende particular. Por soleá se le vio deambular por el escenario para regocijo de los aficionados que llenaron el patio de butacas. Tenía una buena noche; porque el cordobés, como muchos de los grandes, tiene que tener su día, y anoche tuvimos suerte y lo cogimos en estado de gracia.
Parece que el público asistente al Festival Flamenco de Nîmes estaba ávido de jondura, de cante por derecho; y así lo mostró con olés espontáneos que salían de lo más profundo de la afición. Continuó por siguiriyas, con temática torera; lo cual tiene un doble atractivo para un público y una ciudad que se desvive por el toro. Dedicada al diestro recientemente fallecido José María Manzanares. Puso el grito en el cielo. Cabal, profundo, a la altura del cante grande.

Como siempre, en el teatro el sonido es ejemplar, qué profesionalidad por parte de los técnicos. Como ese árbitro que no se nota, y así no para el juego. Solo lo paraban esos olés acompasados del público, que sabían entrar en el momento, como si estuviéramos en una peña flamenca, lo que denota la sabiduría de esta plaza. Había ambiente de noche grande, y los dos manueles estuvieron a la altura. Por alegrías, a su forma, nos dio un baño en aguas del Guadalquivir, para sin tiempo a secarnos, trasladarnos a la bahía de Cádiz. «Si mi voz muriera en tierra…».

Y El Pele se encontraba en un día especial, además de ser su cumpleaños, iba a tirar por malagueñas, y un aficionado del público le pidió que se pasara mejor por Huelva; y así lo hizo el cordobés. Se pegó dos peaso de fandangos, naturales y dos por Huelva. Su voz encierra un misterio y, a la vez, una verdad que no es de hoy; la jondura. Y como suele pasar con el fandango, dejó atrás el micro y puso los vellos de punta. Después endulzó los oídos con una malagueña rematada por abandolaos. ¡La sabiduría que da el arte! Vaya solo de Silveria.

Bulerías por soleá para deleitar al público con todo un clásico, que se lo pidieron, por cierto… La de Vengo del Moro. Tangos. Solo queda el recuerdo. Pero volvió para rematar la faena con una de esas tonás que crean afición. Tuve la suerte de charlar con una amiga que trabaja en la prisión de Arles, próxima a Nîmes, y me comentó que hace poco más de un mes El Pele pegó un pedazo de recital de dos horas ante los reclusos de la prisión francesa.

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