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El nuevo espectáculo de Manuel Liñán: ¿Se puede morir de flamenco?

16 junio, 2024

Sin duda, Madrid es una ciudad con mucha suerte. Entre otras cosas, por la gran vida cultural y social que derrocha. Pero sobre todo, por el arte que cada día tiene la oportunidad de ver proliferar. Los pasados 13 y 14 de junio se ha podido sentir una vez más la ciudad más afortunada del mundo por ser elegida para refrendar en los Teatros del Canal, el estreno absoluto de Muerta de amor, el nuevo espectáculo de Manuel Liñán. Y ahora entenderán por qué.

Manuel es un bailaor y coreógrafo granadino, Premio Nacional de Danza en el año 2017, que los últimos años ha sido especialmente aclamado por la crítica. Un bailaor que desde aquel TAURO, su primer proyecto en solitario, no ha dejado de cosechar éxitos. Seguramente, mucha gente lo recuerde por ¡VIVA!, aquel espectáculo que revolucionó los parámetros del flamenco y que no dejó de girar por el mundo, dejando una significativa impronta personal tanto entre los amantes de la coreografía y la danza, como en el mundo de lo jondo.

Se encienden las luces y un cuadrilátero fucsia se instala en el escenario para ser el paisaje testigo de todo lo que va a ocurrir durante las próximas dos horas. Un rosa que hace resaltar el monocromo negro que colma el cuerpo de los bailaores en escena: José Maldonado, David Acero, Miguel Ángel Heredia, Juan Tomas de la Molía, José Ángel Capel y Ángel Reyes.

La cantaora Mara Rey vestida con una mantilla negra, es la encargada de abrir el espectáculo. Con una letra de Bambino, cantándole a un amor desesperado con el corazón en carne viva, su voz desgarradora, llena de pasión y vehemencia se entreteje en los cuerpos versátiles de los presentes en la escena. Siete bailaores, cada uno con un micrófono delante, hacen alarde de su pericia, jugando con él y realizando movimientos coreografiados y ciertamente acrobáticos. Para calar al público de todos los sentimientos honestos que alberga esta representación, los artistas conforman una ansiada armonía vocal que hace de jergón a las inhalaciones y exhalaciones de pasión que intercalan con esa eufonía.

El patio de butacas descubre entonces que el elenco que Manuel ha elegido no es casualidad y que los micrófonos no son simple atrezzo o un elemento para hacer cuatro cabriolas. Se trata de bailaores que combinan su gran talento para el baile con unos quejidos flamencos que no dejan de lado ni un momento la buena entonación.

Poco a poco se revela la importancia de la copla en este espectáculo y de forma casi inequívoca en la vida de Liñán. El coreógrafo es sin duda un apostante de su propio ser y de todo lo que alberga dentro. De su sello y su personalidad. Singularidades que reviste cada vez más de innovación y contemporaneidad, pero a la vez del clasicismo más absoluto.

Aparte de Mara Rey, otra de las voces en las que hay que hacer hincapié es en la del bailaor jerezano Miguel Ángel Heredia. Su quejido es inconfundible y sus maneras por bulerías, inimitables. Es imposible que pase inadvertido por su altura. Pero para quien no lo conozca, sepan que su arte mide muchos metros más que él. Con todo esto, habrán discernido que este artista es una de las mejores elecciones del elenco y una pieza clave para el desarrollo de este singular espectáculo.

Manuel Liñán también se caracteriza por ser una persona viva, llena de jovialidad, pasión y temperamento. Cualidades que a medida que avanza la representación, comparte con los bailaores que lo arropan durante el mismo.

En esta ocasión, también demuestra que es un artista del que emana compañerismo y buenas intenciones, pues en todo momento pretende hacer brillar a los demás. Ser un bailaor más que le da su espacio a cada uno de los elegidos para que entreguen a los espectadores lo mejor de sí.

Sin duda, uno de los momentos álgidos y llenos de ternura es el baile por alegrías de Juan Tomás de la Molía. De esta suerte, el escenario se colma de una energía imparable y el descomunal calibre de una emoción que ha puesto el listón verdaderamente alto para el resto de espectáculos que se realicen a partir de este. Manuel, como espectador, sentado en una silla frente a Juan Tomás, que propulsa inquieto movimientos al compás de la amalgama. Manuel y Juan Tomás correteando libremente por el escenario, jugando y compartiendo momentos de verdadera afinidad y conexión. Una sinergia tan palpable que consigue arrancar más de tres veces y en menos de quince minutos, el aplauso y olé de los asistentes.

El bailaor de Córdoba Ángel Reyes, muestra aquella parte tanto del amor como del flamenco  que lleva consigo lamentos del alma y suspiros plañideros. En este caso, interpretados por el cantaor jerezano Juan de la María, otra voz indiscutiblemente desgarradora. Ángel, a través de su baile también demuestra que el amor no es solo sollozo y lamentación, sino que hay una parte realmente atractiva en la que entra en juego la seducción y el gracejo. Y así como en la danza, la libertad y el descontrol controlado.

Por su parte, Manuel Liñán y José Maldonado realizan una coreografía magistral sin apenas dejar de entrelazar sus cuerpos, haciendo en todo momento apología del deseo, el equilibrio, el maridaje y la sincronización, realizando pequeños guiños tanto melódica como corporalmente al palo sevillano por excelencia.

Tampoco pasa desapercibido el guiño cómico que David Acero añade a la trama para compensar los momentos de desgarro y tensión que han perdurado durante la mayor parte del espectáculo. Así, resaltando sus grandes dotes para la danza española y el folklore, David interpreta la composición de tintes celtas con la que Víctor Guadiana le acompaña al violín.

Casi al terminar la función, Liñán despoja de una prenda a cada uno de los componentes que le han acompañado durante el transcurso de la misma. Con ellas, se hace un traje para bailar una solemne y magistral soleá, siendo así la parte concluyente y más emotiva de un virtuoso espectáculo.

Partiendo del punto de vista de la libre interpretación, Muerta de amor es una oda al amor en todas sus vertientes y formas. Una danza para cada una de las sensaciones que despierta este sentimiento: la pasión, la provocación, el contacto, la confraternización, la euforia, el deseo y la libertad de relacionarse sin remordimiento. Todo esto siendo consciente además de que la pena y la sensación de vacío también forman parte de él y se puede transformar en algo bello, sobre todo si son la danza y el flamenco los que se convierten en el vehículo transmisor de esas nociones.

En cuanto a la composición, el proyecto es impecable. La línea de continuidad que enlaza cada una de las composiciones es tan sutil que no da tiempo a apreciarlas. Es una estructura que no va a trompicones, sino que tiene unas transiciones tan cuidadas que el cambio de secuencia ni molesta, ni se hace pesado ni desubica. Las voces y la interpretación de Mara Rey y Juan de la María elevan más si cabe la profesionalidad de este espectáculo. Pero sin duda, el punto fuerte está en el dramatismo con el que Mara adereza la interpretación.

La disposición de los artistas en el escenario, las posiciones que van tomando y la pulcritud con la que conforman las figuras que requiere cada momento es otra de las esencias de la noche.

Por supuesto, no hay que olvidar que sin la versatilidad y las composiciones de los músicos Francisco Vinuesa, Víctor Guadiana y Javier Teruel, tampoco sería posible llevar a cabo un espectáculo con tanta minuciosidad y exactitud.

Y esto es una mínima parte de lo que pueden disfrutar si se animan a verlo. Describir más esta gran representación, sería hacerle un flaco favor, pero en cuanto a reflexiones personales, en esta ocasión me permito la licencia de compartir mis propias sensaciones sin tener en cuenta una visión general del auditorio. Ser flamenco es tener siempre los sentimientos a flor de piel. Ser de otro planeta. Ver la vida de una manera diferente a los demás. Tener la capacidad de propagar belleza a partir de situaciones que pueden resultar desagradables e incómodas, pero también de construir de algo primoroso, algo aún más exquisito. Y es que el flamenco puede llegar a esos ángulos recónditos donde ni nadie ni nada es capaz de llegar. A veces ni siquiera el amor. ¿Ustedes piensan que se puede morir de flamenco?

 

Alejandra Pachón para Flama
Fotos: Ana Yñañez

 

 

Ficha artística

Muerta de amor- Manuel Liñán

Sala Roja. Teatros del Canal. Madrid

14 de junio de 2024

Dirección artística: Manuel Liñán

Acompañamiento creativo: Ernesto Artillo

Coreografía: Manuel Liñán

Coreógrafo invitado: José Maldonado

Artista invitada: Mara Rey

Baile: Manuel Liñán, José Maldonado, Juan Tomás de la Molía, Miguel Ángel Heredia, José Ángel Capel, David Acero, Ángel Reyes

Cante: Juan de la María

Guitarra: Francisco Vinuesa

Violín: Víctor Guadiana

Percusión: Javier Teruel

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