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El bailaor sevillano Javier Barón se descubre en la intimidad del Corral de la Morería de Madrid

13 junio, 2018

Constatar y volver a entender el por qué en 2008 recibió el Premio Nacional de Danza en su modalidad de Interpretación, se hizo patente en la noche de ayer en el Corral de la Morería de Madrid; “por su aportación al flamenco desde la danza española y por su dedicación a la investigación de estéticas en el flamenco, desde la ortodoxia y el conocimiento de este arte”. El bailaor y coreógrafo, Javier Barón (1963, Alcalá de Guadaíra – Sevilla), a día de hoy – y 10 años después de ser premiado por el Ministerio de Cultura -, sigue siendo un embajador de la magia que reside en el Flamenco y que va más allá de un gesto o una pose desmesurada. Su baile parece centrarse en los sentidos que intuye en el cante y en la guitarra; en insinuar, en saber dejar a veces inacabado un movimiento permitiendo que la retina del que observa complete sus intenciones. Parece concreto y abstracto a la vez, el bailaor mide hasta dónde, como interprete, como creador, quiere contar o no contar, mostrar o no mostrar, la gran totalidad de lo que tiene, de lo que sabe, de lo que poco a poco y a su antojo va entregando a su público. Este, sin duda, se siente atrapado y ansioso de sus secretos. Los secretos que sorprenden y son fuente inagotable en el caso de Javier Barón y en especial en la solea por bulerías que nos ofrece en la cercanía que ofrece el tablao. Una muestra de la magia que se puede encontrar dentro del flamenco en Madrid.

Un Destino Juntos, Flamenco es el título del nuevo espectáculo que Javier Barón mostró en el Corral de la Morería desde el pasado viernes 8 hasta la noche de ayer. Junto a él, en el escenario, estuvo el baile de Luisa Palacio. Destacar su elegante baile de bata y mantón, en donde los dos elementos son la prioridad de su baile por alegrías; pero no deja en segundo plano la expresión de su medido zapateado y su trabajo expresivo – y muy femenino – de brazos y manos. La guitarra del experimentado sevillano Miguel Pérez deja constancia de cuáles son las facetas del tocaor, que sabe acompañar al baile, al cante y además se siente su valentía cuando queda solo. En este caso, nos cuenta con distintas técnicas de toque, sonidos de cante sin cante, baile sin baile; con una amplia musicalidad y maestría con el compás.

En la serie de tonás para introducir el espectáculo, los cantes por siguirilla, de Cádiz, soleá… aparecen con claridad las personalidades de los tres cantaores que acompañaron en esa noche magistral. La gaditana Ana Gómez y los sevillanos Javier Rivera y David El Galli, quienes complementaron las intenciones de este espectáculo, que despierta las ganas del que asiste, de volver a admirarlo muchas veces más en este templo inmenso llamado Corral de la Morería.

Begoña Castro para Flama

Imágenes y vídeo, Manuel García López

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