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El arte vivencial, un flamenco aparte

25 febrero, 2025

Después de asistir el pasado domingo a escuchar a Perico El Pañero en la Asociación Fernando Terremoto dentro de la programación paralela del Festival de Jerez, y ayer tarde ver a Pepe Torres en la Sala Compañía, he sentido la necesidad de escribir sobre algo que trasciende y que tiene un hilo en común, el arte vivencial. Dos artistas de dinastías gitanas, el primero, cantaor de Algeciras, el segundo, bailaor de Morón de la Frontera.

A veces es muy complicado expresar con palabras lo que se siente ante un artista. Y eso es lo que me pasó en ambos casos, todo un lujo gracias a lo que acontece estas semanas por Jerez de la Frontera. De ahí estas breves líneas para poner en común un mismo sentir ante dos figuras del flamenco actual.

Las sillas de enea se retorcían con los cantes del Pañero… Soleá dedicada a Fernando Terremoto para arrancar, muy emotiva. Siguiriya jiriente. Los asistentes se removían en las sillas… fandangos y malagueña de El Mellizo, tientos, bulerías por soleá, toná… y todos esperando ese momentito mágico que tiene Perico con ese baile que no se aprende, sino que se siente, se desprende del alma de quien lo ha vivido. Gracia y salero. Flamenquería a más no poder.

Pero esa misma palabra tan bonita podría valer para Pepe Torres en su espectáculo de ayer tarde en la Sala Compañía, sin artificio, titulado ‘El baile flamenco de Pepe Torres’. Añadiría gitanería y elegancia, poderío. Siguiriyas a contra luz, tratando al silencio como se merece, con quietud. Es complicado estar parao mientras el toro se acerca.

Pulcritud, limpieza… un juego de pies excitante, escobillas que emocionaban, parecían de un tiempo que él vivió y que ahora tenemos la fortuna de poder reconocer en este pedazo de bailaor. Temple y pureza en el baile gitano. Y un juego de muñecas que buscaban el duende. Pepe tiene un baile vertical, cabal, con los brazos junto al cuerpo y los pies pegaítos al suelo, como susurrando el baile. Hasta que levanta el poderío y la elegancia.

Y, al igual que El Pañero se baila al cante, Pepe se pegó una pinceladita a la guitarra de la escuela de Morón, de la de Diego del Gastor. Detalles donde se percibe que el arte es algo más que aprender, que por supuesto es necesario, pero vivirlo desde la cuna ayuda, y ese conocimiento hay que trabajarlo para poder transmitirlo y emocionarnos.

Isidoro Cascajo
Fotos Pepe Torres, de Esteban Abión

 

 

 

 

 

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