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El arte flamenco en Sevilla

8 noviembre, 2014

Juan Antonio Rodríguez. Delegado de Flama en Sevilla.

Cualquier repaso histórico por el desarrollo del Flamenco en la ciudad de Sevilla debe empezar forzosamente en el barrio de Triana. Es aquí donde se dan de una manera concretísima todos los ingredientes que forman el Flamenco y lo han formado siempre. Por un lado, la persecución, el hambre, la miseria; por otro, la alegría, el encuentro de culturas y el cruce de formas expresivas distintas en determinados momentos. Sin duda alguna, Triana tiene mucho que ver con la formación del Flamenco tal y como lo conocemos hoy.

Uno de los cantes considerados estructurales es la soleá. De este modo, se puede asegurar que la soleá tiene su base en Triana, se gestó en este barrio y allí tomó su forma definitiva; al menos, de ahí se conoce la primera referencia de este estilo. La soleá discurre desde este barrio hacia la campiña de Sevilla, tomado rasgos de personalidad propia en Alcalá, Utrera y Lebrija fundamentalmente.

La música flamenca trianera está llena de melismas sutiles que han ido pasando de generación en generación, de padres a hijos, y con la particularidad de que muchos de los mejores soleareros de Triana no han sido profesionales, sino aficionados que han mantenido viva la tradición, así como en otros estilos como la toná o seguiriya: Ramón El Ollero, Emilo Abadía, Manolo Oliver, Domingo El Alfarero, El Maera, Hermanos Ballesteros, Antonio El Arenero, El Sordillo, El Titi, Rosalía, El Barbero, Rafael Pareja, Ramón de Triana, El Bengala, Los Cagancho, Frasco El Colorao, Carmen la de Triana…y artistas profesionales como Enrique y Pepe El Culata, Curro de Triana, Gracia de Triana, Pepe el de la Matrona, La Perla y El Perlo de Triana…  Además de la soleá, otros cantes remarcables en Triana son la toná y la seguiriya.

Al otro lado del puente, llegando al centro de Sevilla, se encuentra la zona representada por los antiguos Cafés Cantantes  a través de las calles Tetuán, Sierpes, Plaza de San Francisco… el Bar Pinto, el Café de Silverio, el café del Burrero, el de Novedades, el Filármonico…

Por último, el barrio de los colmaos, la llamada Universidad del cante: la Alameda de Hércules, que representa el espacio en el que se desarrollaba la parte más lúdica y festiva del flamenco, pero también la más triste y desazonadora de la historia paradójica del cante jondo: la miseria de grandes artistas que se veían obligados a trabajar en reuniones de borrachos y señoritos, con prostitutas y como prostitutas, al mismo tiempo que había gusto por aprender y “sentir de cantar”.

Otro barrios a destacar, con gran importancia en la tradición flamenca han sido la Macarena y San Marcos, y otros como el Polígono Sur (las Tres Mil Viviendas), Nervión o el Polígono San Pablo, en los que muchas de las familias que allí habitan provienen de Triana y la Alameda, empujados por los devenires económico, urbanísticos y especulativos de Sevilla.

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