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El Alcázar de Sevilla, bastión histórico del cante flamenco ortodoxo en la Bienal de Sevilla

11 septiembre, 2018

El simple hecho de tener una cita en el Alcázar durante la Bienal de Flamenco de Sevilla ya es una especie de triunfo. Tanto para el público como para el/la artista, ya que no son pocas, al igual que anoche Argentina (Huelva, 1984), las que agradecen a la organización, y casi a la vida, tener la oportunidad de cantar en esta plaza donde he podido presenciar el cante de figuras como Chocolate, Agujetas, La Paquera de Jerez, José Menese o El Lebrijano, y tantas otras figuras que pasarán a la historia del flamenco. Sentimiento vs. técnica. El día que los números y la técnica venzan, el flamenco enmudecerá.

Siento al Alcázar como una especie de templo (que lo es) del cante jondo. Era espacio vedado para los máximos exponentes del cante, el toque y el baile. Iba uno con el corazón encogío. El baile y el toque mantienen o, incluso, han subido el nivel (según la mayoría de los expertos); pero el cante se nos queda huérfano de padre y madre. Pocas son ya las figuras que han vivido la época dorada del cante jondo. Pero sí es verdad que el cambio que ha dado la programación del Alcázar en las últimas 10 bienales es bastante simbólico de lo que está sucediendo en el panorama flamenco actual. Dicen que con Manuel Moneo se fueron los grandes ecos jerezanos (y grandes patriarcados del cante)… tampoco hay que ser catastrofista, pero sí es verdad que el cante de verdad parece que está ausente. Pero no solo el flamenco (podríamos decir lo mismo del rock), es que el concepto de familia y de sociedad ha cambiado radicalmente en los últimos 20 años, y el flamenco forma parte de esa cultura y esa sociedad; conviven. Y las vivencias auténticas y esas familias han desaparecido. Parece que con el fin de los patios de vecinos y con la llegada de las casas adosadas el flamenco también se parece demasiado en muchos ecos. Cante adosado.

Desde luego, en la noche de ayer, Argentina demostró que tiene una voz prodigiosa; aunque le falta el eco del quejío. Llega a todo, por abajo y por arriba, largos y cortos… pero no todo en esta vida es técnica. ¿Y la vivencia? El cante se transmite directamente desde las entrañas… y parece ser que ciertas fatigas o duquelas (como les gusta llamarlas a los calós) hay que pasarlas: No se escarmienta en cuerpo ajeno, compañero.

El espectáculo arrancó suave para después, como contrapunto, marcarse unos tanguillos de Cádiz, con todo el poderío que tiene Argentina, porque es una garganta privilegiada. Tenía mucho que decir y poco tiempo… con ganas de comerse el escenario. Palos cortitos y variados. La verdad que se agradeció que evitara esos cantes de 14 minutos. Aperitivos flamencos y variados. Después de la alegría salerosa de la tacita de plata, volvió a dar un giro de compás, y se metió por martinente para rematar con cantes de trilla. Brava, valiente, eso no hay quien se lo quite. Argentina tiene los mimbres de ser una de las grandes del flamenco, dejemos que el tiempo siga su curso.

Por lo que se pudo observar hizo una especie de recorrido por algunos de sus trabajos discográficos, y también cantó versos populares. En los tientos tangos mostró su torrente de voz (a lo Paquera de Jerez) con una técnica muy depurada y dicción casi perfecta. Por fandangos naturales no me puso los pelos de punta; aunque nos tenía preparados una sorpresa… Por tarantas y soleá andó algo floja. Pasó de largo ante un aforo casi repleto. La pasividad del escenario pasó, por un momento al público, pero rompió todos los esquemas cuando se escuchaban los sones de un coro de fandangos de Almonaster la Real. Más de 20 personas en el escenario, con su tamborilero y todo, cantando fandangos folclóricos de la sierra de Huelva. Y ella dijo que como su último disco se llama Habitat, pues quería mostrar parte de su entorno familiar y flamenco, ya que ella procede de la sierra de Huelva.

En la siguiriya seguíamos por la misma senda. José Quevedo Bolita estuvo soberbio. Y a Argentina, pudimos ver su genio en algunos de los machos del cante.

Ya, casi al final del recital, la onubense le quiso dedicar una mariana a José Menese, “con quien coincidí aquí en la Bienal de 2014”, a quien recordó y ejecutó el cante tradicional en la voz del maestro morisco.

Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro

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