Efecto Antónimo: Un delicioso desorden de los sentidos
Iba montada en el metro cuando lo descubrí. Fue por causalidad, una de esas que te cambian la perspectiva. Recuerdo que sentí, de pronto, que empezaba a elevarme allí mismo, sentada entre dos desconocidos. Una voz rota, dulce e indescriptible me iba quemando las entrañas y cuando me di cuenta, una lágrima equilibrista e inexplicable amenazaba con caer desmayada.
Desde el alma, incontenible, se me escapaba un ole intenso… cual sacrilegio, como una explosión de puro placer. Latían los siete sentidos. Ni siquiera me importaron las miradas juzgadoras, me quedé concentrada en ese instante semi orgásmico del ser. Si, bajo tierra también se puede volar.
El lado izquierdo de mi cerebro me decía que corra a otra ventana a investigar quién era este señor con nombre de diccionario, pero empezó a sonar una guitarra custodiada por un mantra de voces en modo tribu, y la india que vive en mí terminó de rendirse ante ese misterio llamado simplemente Antónimo.
Cantautor, guitarrista zurdo, con escala infinita clavada en la garganta, flamenco hasta los tuétanos. Antonio Manuel Ríos Sánchez es sevillano de nacimiento, pero está hecho también con cachitos de mundo, sólo así se explica la facilidad con la que invoca ritmos con sabor a blues, bolero, tango, son cubano, rock, jazz y otros tantos indefinibles. De pronto te pierde en el quejío más profundo y en segundos estás volando hasta algún punto de los setenta y caes en picado hasta la realidad más actual cuando se impone el verso, que es la mitad de ese todo… ese todo que al cabo un par de días de escuchar sin pausa, como hacemos las melómanas obsesivas, ya necesitaba sentir en directo y, -qué suerte, ¡qué suerte, qué suerte! – llegaba a Madrid pocos días después.
Respeta los silencios
No fue difícil contactarle. De hecho, me sorprendió la sencillez de sus maneras. Confirmo que la grandeza radica en los más simples detalles y es de color alma claro.
En la Galileo Galilei abundaban reservados. Me di cuenta de inmediato que el efecto Antónimo no era sólo cosa mía. En las caras de la gente durante la espera, se notaba la emoción de lo que podía pasar. Era la segunda vez que el andaluz se presentaba en Madrid, y lo hacía con nuevo disco bajo el brazo: “La Psicodelia de la Virgen del Patrocinio”, aquel vinilo (literalmente) que no para de girar y girar en nuestras cabezas. Esto tampoco es metáfora, porque esta confirmado en cientos de comentarios de gente que en sus redes lo confiesa.
Empezó sin vueltas y con su Carta de Amó. Le bastaron pocos minutos para embrujarnos a todos. Como un susurro, su canto iba acariciando esa parte del alma que no es fácil de acariciar. La precisión de su voz y sus maneras de jugar con ella, las letras incisivas y contundentes, el acompañamiento en fondo y forma de los tres músicos (¡señores músicos!) de la banda y la manera de hacer sentir esos respetables silencios que cortan el aire… mar de sensaciones.
Bendito trance
Uno tras otro, iban fluyendo los temas, sobre todo los más recientes, aunque también matizaba con algunos de su primer disco Extractos de naturalia, que ya revolucionaba el 2018, cuando Antonio casi empezaba su carrera en solitario luego de la separación de la que fuera su primera banda: Fondo Flamenco.
El trance llegó de la mano del Gitanillo las 3000. Mientras todos le cantábamos a ese colibrí que se perdía río abajo, un giro jazzero nos elevaba hasta un delicioso momento de posesión absoluta y sostenida por el impresionante teclado de Fernando Webo Rodríguez, la percusión a compás de Rafael García y las cuerdas sentidas al contrabajo de Daniel Abad. Cuarteto mágico al que por un momento se sumaba El Pau, otro gigante cantautor que transmite y siente profundo y que nos llevó con mucho arte a un sensual Camino de la Alameda. ¡Gloria!
En este punto, los suspiros ya no son cosa de mujeres. El Efecto Antónimo traspasa géneros porque llega directamente hasta ese punto que no todo el mundo tiene activado. Para entender lo que puede transmitir este caballero lo esencial es no intentar entender, limitarse a sentir y a dejarse llevar por este creador de versos “de alcantarilla”, anarquías amorosas que sacuden los sentidos en tiempos de reggaetón.
Quienes somos adictas al flamenco, agradecemos esta nueva pócima que nos alucina los compases. No es cante, es dance, como él mismo define: danza en trance militando en la poesía.
Y sobre todo
escucha, siente al de enfrente.
Totalitario es aquel rosario que en nada cree,
sólo en su fe.
Así no sientes, y ¿sabes qué?
Vas a morir, estás de paso.
Vienes de un polvo y polvo serás.
Al menos haz que este diminuto
espacio de tiempo se convierta
en eternidad.
Poesía de Alcantarilla
Paula Y. Valdez para Flama



Una voz muy especial, su forma, sus letras, su música, todo un privilegio escucharlo
Te llena los sentìos!!!