Noticias

Eduardo Guerrero transfigura la quietud y el flamenco en ‘Jondo’ para Lorca y Granada en los Jardines del Generalife

20 julio, 2022

Una figura vestida de traje en la bruma, alta como los cipreses que bordean y ejercen de fondo en el escenario de Lorca y Granada en los Jardines del Generalife 2022, repite soniquetes precisos y cortantes. Así da comienzo Eduardo Guerrero a Jondo. Del primer llanto, del primer beso. Los demás integrantes fueron apareciendo en escena, apilados en una masa con movimientos uniformes, avanzando de forma desfigurada. De ellos sale la primera figura desenamorada, realizando una repetición de pasos sin final y jadeos entrecortados del cansancio.

Con el acompañamiento de la voz melancólica de la guitarra desembocan juntos en un paseíllo de caña y en una letra que es bailada por cuatro integrantes del cuerpo de baile. La escena pasa a dividirse en tres focos de acción pero la fuerza natural de la caña languidece con movimientos lentos y cabizbajos, adquiriendo un aire experimental junto a la inclusión de la batería.

En el siguiente número la maestra del cante, Carmen Linares, presente el día del estreno como artista invitada, a contraluz dispone su voz flamenca. La abstracción continuó siendo la tónica y los movimientos pausados se unieron a las notas largas del trombón. La música grabada, sonidos electrónicos envolventes, dan continuidad a los personajes envueltos en dolor y cansancio. La tercera figura protagonista es abrazada por largas telas blancas y un cante libre por petenera también la arropa.

Un solo de tambor, como un batir militar, marcó la coreografía del cuerpo de baile. Desemboca en una seguiriya donde la maestra vuelve a llenar a los asistentes con su voz. Hubo una continua búsqueda del éxtasis a través de la abstracción y lo onírico. Desdoblando la escena, una fiesta flamenca por tangos con batería es desarrollada junto al desplazamiento lento de un cuerpo inmóvil en el suelo. Eduardo arrastra el cuerpo cogiéndolo por los tobillos y lo lleva detrás del gentío, que pasa ahora a decantarse por los fandangos verdiales. La zambra continúa con la mosca mientras el cuerpo inmóvil sigue esperando ser rescatado. Al final, después de que la cachucha es cantada con alegría, resucita de golpe la víctima incorporándose de un salto.

En el número final Eduardo arranca los mayores aplausos haciendo de la intención de la soleá, sin cante, solo guitarra y baile, una subida de tempo progresiva que mostró su baile por derecho hasta el cambio de registro que se solapó con el monólogo de Rosita la solterona.

Pablo Giménez para Flama
Fotos de Lola Prieto Moraleda

 

 

 

Comentarios (0)

Publicar comentario

Name
Email