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De paseo por el flamenco rumbero del sello Acropol

26 noviembre, 2020

Se ha cumplido la misión. Se quería hacer justicia a todos aquellos grupos de barrio que revolucionaron la era dorada del flamenco en Madrid y reivindicar la que en su día fue la firma que apostó por ellos quizá con más vehemencia que cualquiera. La muestra Acropol, memoria de nuestros barrios, que se podrá visitar hasta el próximo día 30 en el Centro Cultural Pilar Miró, y el ciclo Miradas Flamenkas, que este jueves cerró telón, lo han logrado.

Para reivindicar aquellos Sonidos de Caño roto que tantos desvelos provocaron y marcaron generaciones completas, se montó una especie de túnel del tiempo, adornado con las portadas de todos aquellos discos que de manera inconfundible llevan el sello Acropol e imponentes impresiones que evocaran algunos de los artistas inolvidables de aquellos años.

Tony El Gitano te daba la bienvenida por todo lo alto a esta muestra que durante veinticinco días plasmó en una esquina de Vallecas, lo mejor de Pan Bendito, Entrevías, Carabanchel, San Blas y por supuesto, Caño Roto de finales de los 70 y principios de los 80, donde estos barrios eran la cuna más querida de aquellos nuevos ritmos de un flamenco rebelde que no temía jugar con otros géneros ni tocar nuevas temáticas.

 

 

En esa cuna se mecieron gigantes como Las Grecas, Los Chorbos, El Kalifa o Manzanita, entre muchos otros, que esta vez también son los protagonistas del ciclo, que además de la muestra y los conciertos, también propuso una Mesa Redonda a manera de conversatorio donde se evocaron detalles de lo que significó aquella época que dio origen a la llamada rumba madrileña que tiene estilo e historia propia.

Daniel Gutiérrez y Pablo López son los comisarios de la exposición Acropol, memoria de nuestros barrios. Ambos coinciden en que barrios como Caño Roto siguen siendo escenario de la continua evolución del flamenco, esta vez, por ejemplo, mezclado con ritmos latinos como el trap, que han dado lugar al rap flamenco que hacen los más jóvenes aún ante el desagrado de los padres, padres que quizá en algunos casos también se revelaron en su tiempo al escuchar los discos marcados con sello Acropol.

Inmortalizadas están ya las fotos de las portadas, que en muchos casos se improvisaban en los alrededores  de la Plaza de España, muy cerca a los estudios de la productora. Llamativas aunque no precisamente por su excelencia de imagen o calidad, estas portadas motivaban la venta de los discos  en mercadillos, gasolineras y salas de fiesta, atestadas de una juventud que encontraba en aquella rumba flamenca madrileña, el acompañamiento perfecto para sus rebeliones.

Paula Y. Valdez para Flama

 

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