Bierzo Al Toque se rinde a las dinastías en su tercera jornada
‘De casta le viene al galgo’. Así podría denominarse la tercera jornada de la cuarta edición del festival Bierzo Al Toque, que llenó hasta la bandera el aforo de la Sala Turbinas de la Térmica Cultural de Ponferrada, donde tienen lugar los recitales.
En primer lugar pudimos disfrutar de un concierto de guitarra de José del Tomate, que como saben todos los aficionados a este arte, es fiel heredero de la sonanta de su padre, Tomatito. Aunque además de su padre, el toque de este joven artista homenajea también a otras figuras de su familia, como Niño Miguel y se acuerda de cantaores míticos ya en el universo flamenco, como Juan Valderrama, cuya voz sonó en off en uno de los temas que tocó en solitario.
La mayor parte del recital estuvo acompañado de un magnífico cuadro de músicos, compuesto por la segunda guitarra de Cristi Santiago, la percusión de Jony Cortés y el cante de su sobrino, José Antonio Torres, con quienes abordó unos singulares y luminosos tanguillos. Antes de eso nos brindó una suerte de zambra de tonos cálidos y sugerentes, unas farrucas tan originales como virtuosas, una bulerías instrumentales de ritmo trepidante, y para terminar unas rumbas de aires alegres.
Tras el recital de guitarra el público se entregó al plato fuerte de la noche, un recital de baile a cargo de un Farruquito en estado de gracia que dejó al respetable sin aliento, y a más de un espectador ronco, a juzgar por los continuos oles y frases de aliento.
El recital de Farruquito comenzó con una espléndida ronda de tonás a cargo de Ismael de la Rosa y Manuel de la Nina, a quienes, una vez que el bailaor sevillano hizo su entrada triunfal en el escenario, se unió la sonanta de Manuel Valencia, un espléndido guitarrista que nos deleitó con su solo por bulerías, entre baile y baile.
En la primera pieza Farruquito enlazó las tonás con las seguiriyas, derrochando virtuosismo con ese baile tan elegante, esos paseos por el escenario marca de la casa y ese taconeo suyo tan virtuoso y limpio, que es pura música.
A partir de ahí, nos brindó unos deliciosos tangos, a compás de la voz pasional de Mari Vizárraga, unas alegrías rebosantes de arte, un baile por bulerías con el que se acordó de su abuelo Farruco, y un final por soleá que nos dejó sin aliento. Todo un derroche de poderío y dominio escénico con una variada gama de quiebros, vueltas impecables y unos remates plagados de besos que enardecieron a un público tan entregado y enfervorecido, que demostró con creces que Miguel Morán, con solo cuatro ediciones, está logrando su propósito de inocular el veneno del flamenco en los habitantes del Bierzo.
Lástima que el sonido no estuviera todo los fino que cabía esperar. Algo que el artista no dudó en destacar, aunque al final no dejó pasar la oportunidad de felicitar a Morán y destacar la valía de traer el flamenco a estas tierras norteñas donde, hasta ahora, el flamenco no era bien acogido.
Lola Pantoja para Flama
Fotografías de Ana Palma






