Andrés Marín y Ana Morales ante Ley del Deseo
El bullicio de panal de abejas en plena faena que genera el público al entrar en el Villamarta durante el Festival de Jerez no me dejaba ver las frases que iban apareciendo proyectadas contra el telón. “Con tu cuerpo haré mi templo, tus piernas como columnas; todo Amor es carnal”. Tampoco se daba cuenta el público que Andrés Marín había entrado en escena desde el ángulo inferior derecho del proscenio y se encontraba allí, mostrando su torso, su delgadez. En el telón una frase que habla de sus propias dudas…
Cuando ya era debido se hizo el silencio y se escucharon los pies, los taconeos precisos. Recién ahí se alzó el telón y apareció la escena. Algo como de Remedios Varo en la estética. Espacios sacros profanados por la presencia de un animal pequeño, destazado, colgando listo para ser cocinado. Y ahí, el cante. El carnicero, un matarife con una voz que transmite y con una precisión tal de gestos y pericia en trocear el bicho (un conejo: símbolo de fertilidad) que me conmueve (es la primera herejía: éste espectáculo NO ES para veganos!!). Una vez finalizados los cortes y el cante aparece la maravilla animalesca y felina de bailaora, Ana Morales.
Vi de todo, desde la serpiente tentadora del paraíso, a un avatar, a una pantera, un leopardo, danza de India y hasta una diosa con serpientes de la antigua Creta. Uff! Menuda sorpresa me he llevado, que había pensado, al verla tapada entera con una capa de terciopelo (si, de esas que se usaban en Venecia. ¿Os suena, verdad?). Bueno, el año pasado el leit motiv del Festival de Jerez eran los cien años de la Carmen de Bizet, ahora capaz que tengan que ver con la idea de misterio, como en Eyes Wide Shut – ojos abiertamente cerrados -, el misterio y ese algo de boyerismo que existe en el espectador…
Total que el Cantaor- Corifante-Matarife-Oficiante arroja un trozo de carne al escenario y ella se lanza como un gato a cogerlo con su boca. ¡¡Vaya corporalidad tiene esta mujer!! Oigo a mi vecina de asiento decir “Qué asco!”; y pienso, “pues haber puesto atención a las frases del inicio, que esto es el comienzo, y el espectáculo va de la carne y el deseo, a ver qué más nos viene”…
Lo que viene es la alegoría del deseo en lo sacro, en las imágenes religiosas, dentro de los templos y bajo los ropajes. Para mí, ¡¡¡son unos herejes!!! ( y eso me encanta).
Perdón, no es nada nuevo desde el Decamerón o Carmina Burana, lo carnal, lo humano que asoma entre las grietas de la rigidez de los dogmas y aún así me ruboriza, me asombra y me maravilla si se hace de una manera bella. Lo dicho, hay algo en la sugerencia directa – que es casi explicitud -, que me hace sentir algo boyerista, presenciando algo peligrosamente cercano, instintivo.
Y el “casi” ese es el que salva de ser una mera performance con prestensiones de rupturista o provocadora y hace ver el juego de los cuerpos danzantes.
Hermosas imágenes, escenografía evocadora, colores y formas que recuerdan confesionarios, púlpitos, altares, vírgenes y santos. Y siempre lo orgánico, lo visceral, lo pasional desenmarcando y desenmascarando el orden, la pulcritud, el silencio.
La música, los instrumentos y los músicos como aporte independiente a la escena. El humor a través de la evocación del “making off” de la Semana Santa Andaluza. Muchos aciertos en este trabajo, creativo a pesar de ser una temática antigua como la tentación de Adán y Eva.
Andrés Marín y Ana morales están a punto de comerse. ¡¡¡O pa’comerselos!!!
Paola Ishtar para Flama
Reportaje gráfico: ©️ Festival de Jerez/Esteban Abión





