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Andrés Marín a las puertas de Desvarío Barcelona: «Pediría más apoyo a los grandes maestros y no a las modillas de groupies y bien quedá»

12 junio, 2022

El próximo 24 de julio Andrés Marín estará con su obra Jardín Impuro en un renovado proyecto multidisciplinar en Barcelona, el Festival Desvarío, organizado por El Dorado y el Distrito Nou Barris. Esta cita de Nou Barris nació en los albores de este milenio cuando Manuel Pérez, entonces Regidor del Distrito Municipal, decidió incorporar al programa de la Festa Major del año 2000, un festival de flamenco de tres días de duración. Pero en el renacer en 2021, de la mano de El Dorado, el Festival partió de una doble premisa, por un lado, el imperativo de ser una muestra veraz del flamenco actual, de su contemporaneidad; y por otro, el reto de encarar la tarea manteniendo el modo de hacer de El Dorado en un ámbito diferente del habitual, asumiendo el consiguiente cambio de escala que la situación exigía.

¿Qué significa para ti la pureza cuando estás en proyectos ‘impuros’?
Yo no creo en la pureza, en algún momento todo ha sido contaminado o adulterado, afortunadamente. Gracias a eso aparecen grandes genios que hacen que el arte flamenco siga vivo, que tenga interés. No se puede hacer una réplica exacta de las cosas, así que a partir de tu aprendizaje empiezas a adulterar, es así.

El flamenco se mueve, es un arte vivo. Afortunadamente yo llevo muchos años interviniendo en proyectos híbridos dónde comparto con grandes directores y creadores, que me han permitido conocer otras temáticas y otras manifestaciones, y me han hecho cuestionarme mis propios límites y, si es posible, convivir el flamenco con otras temáticas, danzas estéticas y manifestaciones, dejando y deshaciendo al bailaor para que aparezca un hombre que baila.

¿Crees que el nuevo lenguaje de la danza flamenca se convertirá en puro/clásico con el tiempo? Cuando se acaben las influencias de una época anterior.
Para mí es como en la pintura, siempre ha habido diferentes etapas y movimientos. No creo que nuestra generación quede como un clásico, simplemente corresponderá a una etapa y a un movimiento.

¿Podríamos decir Picasso, Mondrian, Kandinsky, o la Leyenda del Tiempo, u Omega, o cualquiera de las obras que han hecho los creadores más vanguardistas de hoy, serían un clásico? Para mí, no. Para mí hay obras hoy en día más vivas que nunca porque la vanguardia es eso, adelantarte a tu tiempo con todas sus consecuencias. Podríamos decir que las obras que están adelantadas a su tiempo no entran en mercado en su mayoría, y suelen ser muchas veces un fracaso en su tiempo, pues al no ser comerciales suelen ser incómodas para el público. Pero ahí está la convicción del artista y su necesidad, no hay que tener miedo a ser libre, aunque eso te cueste algunos disgustos.

Precisamente, pocos días antes de estar en Barcelona, estrenas otro proyecto en Ámsterdam, en el que cambias lo puro y lo impuro por lo mortal y lo inmortal (otra antítesis), en tu nueva performance: Skiagraphia. El impulso humano de aferrarse a la vida (inmortal), o la fugacidad del arte (mortal)… ¿Hasta qué punto crees que la tecnología puede ayudar – o está ayudando – a la evolución del flamenco?

La tecnología es parte de la época que vivimos, nos ha tocado vivir con esta época y lidiar con esta nueva herramienta. Depende cómo se trate y quien la trate, de igual modo que depende como se trate un cante y quien lo cante, un toque de guitarra y quien la toque, o un baile y quien lo baile. Una vez dicho esto, el flamenco ha llegado en algunos casos o en algunas temáticas a trabajar con nuevas tecnologías y nuevos creadores de dicha tecnología. Yo he sido pionero con la creación de D. Quixote.

El cielo de tu boca con el creador de campanas llorenç Barber, o Tuétano, junto a Concha Vargas, Tomasa La Macanita y la eléctrica de Cantizano y la zanfoña, etc., a la hora de trabajar texturas con la música experimental. Lo interesante de trabajar con la música experimental contemporánea o el ritmo o la electrónica en el flamenco, para mí, es descodificarlo y llevarlo a convivir o a contrastar con esta nueva situación. Por ejemplo, el trabajo con la música de José María Sánchez Verdú, compositor contemporáneo, y que tiene muchas jondura. Pero de todas maneras en el flamenco la abstracción está muy lejana, a los flamencos les cuesta mucho.

Y referente a la electrónica depende como se utilice como ya he dicho antes, si se hace un trabajo de fondo y creativo real me interesa, pero utilizarla como anécdota no me interesa. Porque para lo único que sirve es para vestir el santo con otro traje, en muchos casos no viene por la necesidad, viene por modas… Pero cada uno sabrá lo que hace, para eso está la libertad, para poder confundirte.

Y referente a la mortalidad frente a la inmortalidad, el hombre buscando siempre la inmortalidad, y Skiagraphia habla del hombre frente a la máquina, algún día se verá que las máquinas creadas por el humano superarán al mismo humano. Ahora bien, ¿el arte no es imperfecto? ¿No es Animal? ¿No es memoria? Yo creo que el arte es eso, imperfecto, animal, aprendizaje y memoria. Y por supuesto, lo más importante, un ente  abstracto, el alma. Por eso ahí no nos va ganar la tecnología.

¿Crees que la pandemia y el confinamiento dejarán huella en el flamenco, o simplemente ha sido un paréntesis?; ¿Y cómo te afectó ese paréntesis? Ya que creo que estás atravesando unos años muy creativos, con muchos estrenos… tienes cuatro espectáculos diferentes en gira.

Bueno, la pandemia nos ha afectado a todos en muchos sentidos, en algunos casos con algunas personas para darnos cuenta de la prioridades en nuestras vidas.

Cuando entró la pandemia a mí me acogió en plena creación para la clausura de la Bienal de Flamenco de Sevilla. Y estaba sumergido en la Divina Comedia con una veintena de artistas. Le quiero dar las gracias Antonio Zoido, aunque al final no llegara a realizarse, por la confianza que depositó en mí. Me parecía muy interesante, a través de la Divina Comedia, unir la familia del flamenco de diferentes generaciones y diferentes estéticas, ya que la temática te permitía ese paisaje. Por supuesto también conviviendo con las nuevas tecnologías, enfrentándose al pasado, y me reuní de grandes artistas tanto en el universo sonoro como en la música contemporánea, y en flamenco, de grandes compañeros y grandes artistas que están en lo más alto y algunos de ellos han sido también mis maestros y mis referentes. Como ya he dicho antes, se juntaban diferentes estéticas, diferentes generaciones del flamenco. Como no pudo suceder porque se cerraron los teatros, me tuve que reinventar, junto a José Miguel Pereñíguez, e intervenir un espacio singular, ya que yo no tenía proyectada ninguna creación propia porque estaba metido de lleno en la Divina Comedia. Y ahí salió en el Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas, Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla, La Vigilia Perfecta, una jornada bailada desde primera hora de la mañana hasta el anochecer en las horas litúrgicas de los monjes cartujos de dicho monasterio. Allí se intervinieron diferentes dependencias.

Pero en realidad, a mí, a nivel creación y trabajo, no me ha afectado mucho y pudiera ser de los años que más he trabajado; por qué estaba con una compañía en Francia, con Marie Agnes Gillot y Christian Rizzo, trabajando sobre una creación que ya habíamos hecho, que se titula Magma. Teníamos muchísimas funciones, y al cerrarse los espacios y los teatros se cancelaron muchísimas, la suerte fue que en Francia se paga una parte de las actuaciones anuladas. En este sentido, Francia está años luz de España, en Francia el arte es arte, en España el arte es entretenimiento, nos queda muchísimo por andar y me temo que cada vez vamos a peor, no pretendo ser fatalista… Pero hay una desorganización y muy mala gestión. En definitiva, no hay voluntad política. Por otra parte, se ha instalado todo lo online, clases online, el streaming, y bueno, en parte bien y en parte tengo mis dudas. Creo que lo online es una herramienta que puede ser bien utilizada, ya que hay muchos alumnos que no pueden llegar a España por diversas circunstancias, y se pueden beneficiar de tener clases online con profesores de nivel. Yo creo que eso sirve mayormente como apoyo, una herramienta más de aprendizaje, pero no como sustitutivo del arte en vivo, el arte en vivo es una experiencia directa.

También ese año nos sumergimos en una nueva creación, Éxtasis Ravel / Show Andaluz, que estrenamos en el Festival de Itálica con una coproducción de ellos junto con los Teatros del Canal, donde estuvimos cinco días.

Más o menos he sido muy itinerante, y ahí seguimos, ahora entramos en otra producción con Skiagraphia, y sigo con mis otras piezas: La Vigilia Perfecta, La Hora Encendida, que es un homenaje a la Siesta del Fauno de Debussy y que llevo junto a Lucía Vázquez en espacios singulares. Jardín Impuro, y por supuesto la creación más contundente, Éxtasis Ravel / Show Andaluz.

Director coreográfico, artístico y musical de tu propia compañía… El ser gran conocedor del cante, e incluso saber cantar bien ¿hasta qué punto te ayuda en el baile?

Cuando yo hago una creación me junto con los artistas que me van a acompañar en ella, y el hacer mis propios conceptos musicales junto con ellos me permite realizar una obra más personalizada, más de autor, no tan estandarizada, que es a lo que está más acostumbrado el público. Busco o trabajo con artistas para el imaginario de la obra y creamos juntos. Pero sí que es verdad que meto mucho la mano en la música, en la estética, y cuando hablamos de cante, por supuesto; pero siempre me rodeado de grandes cantaores.

Soy un aficionado al cante y me cantiñeo algo porque me gusta y me he criado así, para mí es algo de mi niñez. Echo en falta esa afición por el cante clásico, a la gente se le llena la boca de decir que les gusta el flamenco, defender el flamenco, y luego yo no veo en recitales de cante a jóvenes cantaores, ni bailaoras ni bailaores. Y se les llena la boca de hablar de lo popular y de la tradición y de que les gusta el flamenco blablablá. Yo creo que les gusta su baile y sus cositas, pero el ‘Cante Grande’ le gusta a muy poca gente. Y digo esto porque el otro día estuve en Flamenco Viene del Sur viendo en un programa a El Turry y a José de la Tomasa, y no llegaba ni un cuarto de sala, y de la profesión cuatro guitarristas, como bailaor yo solo, y como cantaor un alumno o dos de la profesión. Nadie. Y verdaderamente digo esto porque ver a Jose de la Tomasa, que es una enciclopedia viviente de los últimos que nos queda, que da gusto de ver lo qué es el cante grande de verdad, una experiencia vivida. Eso es el arte. Si te gusta el flamenco cómo no vas a escuchar el cante y sobre todo de uno de los eslabones más importantes que nos quedan hoy en día. Si no arropamos a los mayores y a la grandeza del cante flamenco, dónde estamos. Pensamos más en el vestuario, en las lucecitas, en el rematito en la dramaturgia… Muchas veces he pensado que no nos gusta el flamenco, lo utilizamos y nos valemos de ello, pero hay pocos que realmente sean aficionados al flamenco. Deberíamos estar todos en el barco del Flamenco, porque al final lo que hacemos es Flamenco y vendemos Flamenco, ortodoxo, heterodoxo, descodificado, codificado, clásico vanguardista, ballet Flamenco… etc. Si realmente te gusta el flamenco, te tiene que gustar en todas sus vertientes, no se puede ir diseccionándolo. Así que pediría más apoyo a los grandes maestros y no a las modillas de groupies y bien quedá. Mimemos y cuidemos la poca grandeza que nos queda de este arte vivo, y luego sigamos con el Facebook, Instagram, y nuestro ego.

Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro

 

 

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