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Amir Elsaffar, ‘luminiscencia’ flamenca en el Festival Flamenco de Nîmes

17 enero, 2020

Flama, la guía de flamenco, ha aterrizado en el Festival Flamenco de Nîmes 2020 en pleno ecuador de su 30 aniversario, casi nada, y para estar en Francia, todavía más mérito mantener esta ‘fiesta’ de dos semanas en una zona de gran afición tanto al flamenco como a los toros. Aquí, no se entiende la una sin la otra.

Amir Elsaffar es trompetista y cantante, pero lo que más trabajó en la noche del 15 de enero en el Teatro de Nîmes fue el santour, que llevó los sonidos de tierras irakíes a los del Bajo Guadalquivir. Amir evoca a través de su espectáculo Luminescence la magia de Oriente; la cual parece casar con la magia más nuestra, la que muchos denominamos ‘duende’. Este artista irako-norteamericano trabaja todo tipo de músicas del mundo, aspira a un idioma universal a través de su música, para así aunar músicas, culturas, religiones… un diálogo musical a través de un viaje místico, entre el duende y la magia.

Era un ambiente íntimo, con muchas tonalidades de jazz. Gema Caballero, al cante, y Vanesa Aibar, al baile, fueron las principales representantes del flamenco. Además del alto de Dena Elsaffar, la música electrónica de Lorenzo Bianchi y las percusiones de Pablo Martín Jones.

Dentro de un contexto jazzístico, previamente caótico, todo comenzó a tomar forma. El baile de Vanesa fue bastante sobrio y cabal. No la típica ‘fusión’ en la que muchas veces se pierde el sentido. A pesar del ambiente de jazz, la música árabe y la electrónica, el flamenco era el hilo conductor de la noche. Gema estuvo magistral en unos fandangos de la sierra de Huelva; así como el acompañamiento al baile de Vanesa. Hubo muy buen entendimiento entre ambas toda la noche. Lo cual quedaba bastante exótico entre los instrumentos de Amir y, sobre todo, su voz. Un cante sagrado y místico, que se fundía con los ecos de la onubense. Con gusto. Aunque en algunas ocasiones quedaba algo forzado, puede ser el precio por un espectáculo tan original como evocador.

La caña fue impactante, con ambas voces, de diferentes estilos, tonalidades… hombre, mujer… música transversal para el momento que vive no solo el flamenco, sino la sociedad en general, y la música en particular. A fin de cuentas, de una esquina a otra del Mare Nostrum… nuestro Mediterráneo musical.

Siguiriyas con electrónica ya no es una novedad, pero no desentonaba. Hubo una melodía que parecía no parar a lo largo de todo el espectáculo. Las entonaciones de Amir, así como las de Gema… y se lanzó por tonás, martinetes… Mostró Gema un amplio abanico de melismas y posibilidades vocales.

Lo que parecía que iba a quedar en un cante sagrado árabe por Amir, se fue transformando cuando apareció Vanesa Aibar con bata de cola. Una voz muy estimulante y profunda dando formas a la bata de la bailaora. Originalidad y gracia. No corrió la misma suerte la guajira que entonó Gema Caballero. No quedó mal del todo, pero parece que los aires del mediterráneo no mantuvieron el mismo nivel y diálogo que el resto del espectáculo, el cual demostró – a gusto de un servidor – los conocimientos de Amir Elsaffar para no caer en las ya ‘tradicionales’ fusiones sin sentido. En este caso, Irak y Andalucía se dieron la mano de una forma natural y con grandes capacidades.

Texto y vídeo: Isidoro Cascajo de la Barrera-Caro
Fotografías: Sandy Korzekwa (Festival Flamenco de Nîmes)

 

 

 

 

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