La Lupi clausura el Festival de Jerez con humor y sus mil renaceres
Bengalas y petardos abren la escena en la clausura del Festival de Jerez en una imagen sorprendente que al principio parece una de las tantas Vírgenes que recorren Andalucía en algún paso religioso… Y luego no. Luego se trata de una de las ‘Muñecas Marín’ de toda la vida, esas que estaban en una mesa de centro o encima de un televisor. En su caja original una Lupi ‘articulada’ se desarticula y baila llena de peinetas, collares, aros, volantes que el bailarín Iván Amaya (diestro, sensible, lúdico e irónico), con lenguaje de danza contemporánea, va quitándole y poniéndose él mismo mientras intenta imitar los movimientos de esta muñequita entre encantada y desencantada. Una muñequita que viste de amarillo, con humor y ‘riesgo’. El amarillo es un color vetado por la superstición teatral de occidente (dice la leyenda que la mala suerte en escena – teatro, ópera, flamenco, etc.- viene de la última vez que Moliere estuvo protagonizando su ‘Enfermo Imaginario’ y le sobrevino un ataque de tuberculosis mientras fingía toser en escena. Dicha leyenda cuenta que Moliere murió durante la representación y su vestuario era amarillo. La historia dice que en realidad la representación había finalizado y Moliere murió más tarde en su casa, rodeado de su compañía… Pero la leyenda fascina más y las supersticiones se contagian. La obra se compone de varios pasajes o fragmentos que la Compañía ha titulado ‘La rebelión del cuerpo, Mal fario, Desencaje de bolillos, Redescubrimiento, Cuerpo infinito, Eterno Mantón, Confesión..’ (“Confieso que no me llamo Manuela y no me apellido Vargas ni Carrasco… Confieso que La Lupi se comió a Susana… Confieso que no me gusta mi cara cuando bailo”), Máscara y Quema. En la misma línea de aludir a las Muñecas Marín, el bailaor Miguel Ángel Corbacho aparece de corto con sombrero cordobés bailando por derecho. Él, junto a Lupi y Amaya, son los creadores de las distintas coreografías de la pieza. En esta especie de trastero con cajas de embalaje aparecen los distintos objetos que dan vida dinámica a las escenas: Máscaras para mostrar las distintas ‘caretas’ o rostros que mostramos a los demás, ironía y humor para mostrar ‘Lo inédito’, lo que no se muestra pero es parte también del espectáculo: los errores, la posición fuera de foco, el final que se adelanta o atrasa en relación a la música, músicos que se entretienen entre ellos sin oír o ver a la bailaora en el centro, etcétera. La Lupi se ríe de Susana Lupiáñez, se ríe de lo imperfecto, se ríe de la superstición, se ríe de las poses y nos hace empatizar, reírnos, notar los chascarros. Es un trabajo voluntariamente imperfecto que nos aporta una lectura distinta y refrescante, que nos recuerda que también lo imperfecto y lo torpe existen; y temerles no aporta más que miedos y neurosis que hacen rígida la tradición, y vacían de humanidad a los intérpretes. En su proceso de creación y dirección, Lupi se fía de la Dirección Escénica y Dramaturgia de Alberto Velasco (otro al que hay que seguirle la pista, porque es tremendo de talentoso y creativo), en la música de su compañero, el guitarrista Curro de María. Un espectáculo que nació en una pasantía en algún otro lugar de Andalucía y que muestra la Compañía La Lupi como clausura del Festival de Jerez 2026 en el Teatro Villamarta y pone el broche de oro con una bailaora y una compañía que está en el afecto del público por humanidad y buen humor, en que ‘lo cortés – o lo simpático – no quita lo valiente’. al contrario, lo enriquece. Paula Ishtar para Flama Reportaje gráfico: ©️ Festival de Jerez/Rina Srabonian
