Sandra Carrasco y David de Arahal emocionan con su «Poema de la Libertad» en Suma Flamenca 2026
No resulta fácil expresar con palabras lo vivido en el Teatro de la Abadía durante una noche de la Suma Flamenca de Madrid en la que Sandra Carrasco y David de Arahal nos trasladaron a aquella época de la Ópera Flamenca, tan criticada por unos como admirada por otros. Fue una noche de emociones y recuerdos. Personalmente, regresé a mi niñez, a aquellos viernes de mercadillo junto a mi abuelo, cuando comprábamos cintas de casete para escucharlas después en su carpintería. Marchena, Pepe Pinto, Juanito Valderrama, Caracol o La Niña de los Peines volvieron a mi memoria y, de alguna manera, estuvieron presentes sobre el escenario en la voz de Sandra Carrasco. La emoción pudo conmigo. ‘Poema de la Libertad’ toma como referencia la figura de Pepe Marchena, artista fundamental en la evolución del flamenco y defensor de una libertad creativa que marcó toda una época. Un recorrido musical por el esplendor de la Ópera Flamenca, con recuerdos a Chacón, Pastora, Pepe Pinto o Caracol, pero desde una mirada contemporánea, sin perder el respeto a las raíces. Y cuando se unen maestría, conocimiento, musicalidad y sentimiento, surge la verdad del cante. Sandra Carrasco, cantaora personalísima y de una sensibilidad extraordinaria, ofreció una interpretación cargada de matices y emociones. A su lado, David de Arahal volvió a demostrar su enorme talento, arrancando a la guitarra acordes casi imposibles y transitando con naturalidad desde el toque más clásico hasta las sonoridades actuales. Magnífico también el acompañamiento de los hermanos Parrilla, Juan a la flauta y Bernardo al violín, músicos capaces de innovar sin perder la esencia flamenca, junto a Bernardo Miranda y Josué Segura en los coros y las palmas. Todo estuvo cuidadosamente medido: el sonido, la iluminación, la puesta en escena, el vestuario y, sobre todo, una manera de interpretar que convirtió el recital en una experiencia difícil de olvidar. Fandangos, colombianas, guajiras, romances y otros estilos fueron desgranando un amplio repertorio que nos devolvió a los tiempos en los que Marchena fue uno de los grandes maestros. El público, completamente entregado, supo reconocer una noche especial, de esas en las que aparece la magia y, cómo no, el duende, ese del que tanto se habla y que tan difícil resulta explicar. Una noche para el recuerdo, donde la nostalgia se hizo música y el flamenco volvió a demostrar que la libertad creadora también forma parte de su grandeza. ¡Olé por ese Poema de la Libertad! Juan José Gil Sánchez para Flama

