El compás, la maestría y la esencia flamenca coronan el LXV Festival Antonio Mairena
Mairena del Alcor vivió una intensa noche el pasado sábado 5 de septiembre de 2026 en la clausura de la LXV edición del Festival de Cante Jondo Antonio Mairena, cita que este año rindió un merecido homenaje al maestro morisco Diego Clavel. Las tablas del Auditorio Municipal Manuel Mairena vibraron con una gala de puro magnetismo, donde la ortodoxia se dio la mano con el duende. En esta edición, el Ayuntamiento decidió eliminar la tradicional ronda final por tonás. Conviene recordar aquel dicho: “Después de la toná, no hay ná”, frase mítica y rotunda dentro del argot flamenco que sentencia que la toná es la cumbre absoluta del cante jondo. La velada arrancó con la joven cordobesa Rocío Luna, abordando una jonda taranta de El Carbonerillo, escoltada por el moguereño Francis Gómez, un auténtico compositor de melodías y falsetas. Continuó su aplaudido recital por tientos aligerados rematados en tangos, una personal soleá apolá y una doliente seguiriya, cantiñas recordando a Pastora Pavón, comenzando con una armonía de guajira, y unas definitivas tonás que exhibieron su soberbia capacidad torácica. José Mercé aportó sus tablas y su eco gitano, celebrando poder cantar ante un público tan entendido. Se acordó de Utrera por soleá, recordó de nuevo a su hijo Curro por desgarradoras seguiriyas, cantó por cantiñas y formó el lío por bulerías, con pataíta incluida, amarrando un gran cierre por tonás. Le acompañó a la sonanta su paisano Antonio Higuero; ¡qué flamenco suena! Tras el descanso, irrumpió el baile de Farruquito. El sevillano cuajó una gran actuación, destacando especialmente con unas bulerías arrolladoras dentro de un recital cargado de matices. Con elegancia y muchísimo compás, aportó teatralidad a su baile jugando con una silla y su propia chaqueta; un derroche físico y estético de quien es, sencillamente, el compás hecho persona. Atrás, cabe hacer especial hincapié en el emocionante pellizco de Ismael de la Rosa El Bola. Al toque estuvo el guitarrista jerezano Manuel Valencia, un músico de pura tradición y soniquete que acompañó también a la siguiente protagonista. La Macanita derrochó gitanería iniciando a capella por cantes de trilla y bulerías, arropada en el compás por sus tres ‘mosqueteros’ del ritmo y prescindiendo de la guitarra. Manuel Valencia retomó la bajañí para guiarla con maestría por una hiriente soleá y unas adoloridas seguiriyas de puro pellizco. Cerró la noche el local Juan de Mairena, un cantaor a tener muy en cuenta, ya que con el tiempo reposará el cante y ganará la solera de los buenos vinos. Juan se entregó y dedicó su actuación a su enfermo padre. Respaldado por las guitarras de Francis Gómez y Benito Bernal, abordó la toná, una malagueña del Mellizo rematada por abandolaos y verdiales, soleá, seguiriya y un festivo popurrí final de bulerías con fandangos y cuplés. Una velada de enorme calidad que pasará a la historia de Mairena. Pedro Limón para Flama Fotografías: Festival de Cante Jondo Antonio Mairena

