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12 marzo, 2026
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La Lupi clausura el Festival de Jerez con humor y sus mil renaceres

Bengalas y petardos abren la escena en la clausura del Festival de Jerez en una imagen sorprendente que al principio parece una de las tantas Vírgenes que recorren Andalucía en algún paso religioso… Y luego no. Luego se trata de una de las ‘Muñecas Marín’ de toda la vida, esas que estaban en una mesa de centro o encima de un televisor. En su caja original una Lupi ‘articulada’ se desarticula y  baila llena de peinetas, collares, aros, volantes que el bailarín Iván Amaya (diestro, sensible, lúdico e irónico), con lenguaje de danza contemporánea, va quitándole y poniéndose él mismo mientras intenta imitar los movimientos de esta muñequita entre encantada y desencantada. Una muñequita que viste de amarillo, con humor y ‘riesgo’. El amarillo es un color vetado por la superstición teatral de occidente (dice la leyenda que la mala suerte en escena – teatro, ópera, flamenco, etc.- viene de la última vez que Moliere estuvo protagonizando su ‘Enfermo Imaginario’ y le sobrevino un ataque de tuberculosis mientras fingía toser en escena. Dicha leyenda cuenta que Moliere murió durante la representación y su vestuario era amarillo. La historia dice que en realidad la representación había finalizado y Moliere murió más tarde en su casa, rodeado de su compañía… Pero la leyenda fascina más y las supersticiones se contagian. La obra se compone de varios pasajes o fragmentos que la Compañía ha titulado ‘La rebelión del cuerpo, Mal fario, Desencaje de bolillos, Redescubrimiento, Cuerpo infinito, Eterno Mantón, Confesión..’ (“Confieso que no me llamo Manuela y no me apellido Vargas ni Carrasco… Confieso que La Lupi se comió a Susana… Confieso que no me gusta mi cara cuando bailo”), Máscara y Quema. En la misma línea de aludir a las Muñecas Marín, el bailaor Miguel Ángel Corbacho aparece de corto con sombrero cordobés bailando por derecho. Él, junto a Lupi y Amaya, son los creadores de las distintas coreografías de la pieza. En esta especie de trastero con cajas de embalaje aparecen los distintos objetos que dan vida dinámica a las escenas: Máscaras para mostrar las distintas ‘caretas’ o rostros que mostramos a los demás, ironía y humor para mostrar ‘Lo inédito’, lo que no se muestra pero es parte también del espectáculo: los errores, la posición fuera de foco, el final que se adelanta o atrasa en relación a la música, músicos que se entretienen entre ellos sin oír o ver a la bailaora en el centro, etcétera. La Lupi se ríe de Susana Lupiáñez, se ríe de lo imperfecto, se ríe de la superstición, se ríe de las poses y nos hace empatizar, reírnos, notar los chascarros. Es un trabajo voluntariamente imperfecto que nos aporta una lectura distinta y refrescante, que nos recuerda que también lo imperfecto y lo torpe existen; y temerles no aporta más que miedos y neurosis que hacen rígida la tradición, y vacían de humanidad a los intérpretes. En su proceso de creación y dirección, Lupi se fía de la Dirección Escénica y Dramaturgia de Alberto Velasco (otro al que hay que seguirle la pista, porque es tremendo de talentoso y creativo), en la música de su compañero, el guitarrista Curro de María. Un espectáculo que nació en una pasantía en algún otro lugar de Andalucía y que muestra la Compañía La Lupi como clausura del Festival de Jerez 2026 en el Teatro Villamarta y pone el broche de oro con una bailaora y una compañía que está en el afecto del público por humanidad y buen humor, en que ‘lo cortés – o lo simpático – no quita lo valiente’. al contrario, lo enriquece.   Paula Ishtar para Flama Reportaje gráfico: ©️ Festival de Jerez/Rina Srabonian    

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Los Tablaos Flamencos de Madrid, espectáculos de calidad a diario

La historia de los tablaos flamencos en Madrid, surgidos en la ciudad alrededor de los años 50 del siglo XX, no puede obviar que tienen su origen en los denominados ‘cafés cantantes’ del siglo XIX. Y hay poca bibliografía sobre este origen de la profesionalización del flamenco en Madrid. Tenemos que remitirnos al flamencólogo José Blas Vega (Madrid, 17 de febrero de 1942- 24 de octubre de 2012), quien recogió en su obra ‘Los cafés cantantes de Madrid (1846-1936)’ que fueron el origen del encuentro entre artistas y público. Hay que citar que en otras obras, se menciona el origen de este tipo de negocio en 1842, con el Café de los Lombardos en Sevilla. Pero volviendo a la capital del país, Vega llega a contabilizar más de 80 cafés cantantes, cantidad no superada por ninguna otra ciudad; entre los que destaca Café de la Bolsa, El Imparcial, San Millán, La Marina, Fornos, Romero o Naranjeros. Todos con una estructura similar a los tablaos, con amplios espacios, con cartelería tradicional andaluza/española, con motivos taurinos y escenario. En la actualidad, Flama tiene contabilizados 20 tablaos; aunque hay otras muchas ubicaciones que programan, pero no con la condición de ‘Tablao’, sino peñas, asociaciones, bares, etc. A inicios de siglo XX comenzó la Ópera Flamenca y el desplazamiento del flamenco, que surgió de ambientes íntimos y familiares, a los teatros y espacios grandes al aire libre, incluso a plazas de toros. Por lo que hay que esperar a la década de los años 50 para ver el origen de los tablaos flamencos en Madrid, herederos directos de los cafés cantantes, como indica el flamencólogo Ríos Ruiz, y que atrajeron a artistas de todas las latitudes del país, especialmente de Andalucía. Además de la importancia que han tenido para la profesionalización del flamenco y para el trabajo diario de los artistas, donde tienen una estabilidad económica y seguridad laboral, algo que no dan los ciclos ni los festivales. Uno de los más antiguos de Madrid, y del mundo, es el Tablao Flamenco 1911, que sigue abierto en la actualidad (antiguo Villa Rosa); así como el Corral de la Morería, que desde 1956 se convirtió en el referente a nivel internacional. Aunque para ciertos autores Zambra fue el primero, de 1954, y el mejor valorado por la crítica e historiadores (clausurado en 1975), programando artistas como El Lebrijano, Camarón de la Isla o Fernanda de Utrera. Por lo que la imagen de los tablaos flamencos asociados a un arte de turista, es completamente incierta, un bulo. Los Tablaos son espacios donde la calidad suele ser muy alta, con la única diferencia con otros espacios, como las peñas flamencas, en el precio de la entrada, ya que los tablaos cuentan con restaurantes de alta calidad y con una plantilla que tiene que abrir las puertas a diario y con más de dos o tres pases en la mayoría de los casos. En la actualidad se contabilizan 20 tablaos flamencos en Madrid: Teatro Flamenco Madrid Corral de la Morería Tablao 1911 Cardamomo Torres Bermejas Essential Flamenco/Torero Café Ziryab Las Tablas Las Carboneras Tablao de la Villa Ópera Flamenca Centro Cultural Flamenco La Quimera Leones El Cortijo La Manuela Sala Temple Los Porches La Carmela Cueva de Lola

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11 marzo, 2026
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La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba 2026 rinde homenaje a Fosforito

La Noche Blanca del Flamenco de Córdoba 2026, organizada por el ayuntamiento de la ciudad, no ha podido pasar por alto el fallecimiento de Antonio Fernández Díaz Fosforito el pasado mes de noviembre (Puente Genil, Córdoba, 1932 – Málaga, 2025). De esta manera, el próximo día 20 de junio el artista pontanés estará presente por las plazas y calles de la capital andaluza. El acto homenaje tendrá lugar en la Plaza de San Agustín a partir de las 23:30 horas, bajo el título ‘Nazareno y Olivares’, dirigido por el cantaor David Pino. Aunque la fiesta del flamenco de Córdoba comenzará media hora antes de la mano de Manuel Lombo, quien arrancará la noche más larga del flamenco a las 22:30 horas en Las Tendillas. Destacar que es una edición con el denominador común de la juventud de los artistas que participan. A la hora de las brujas, 0 horas, continuará el cante con María Toledo en el Patio de los Naranjos. El baile se estrenará con la jerezana María del Mar Moreno en La Calahorra a la 1h de la madrugada. Y la juventud de Sara Denez y Ángel Flores a la misma hora estarán en el Cine Fuenseca. El cante regresará a la Noche Blanca de la mano de Lela Soto, en la Plaza Conde de Priego a las 2 horas; misma hora en la que sonará la darbuka tunezina acompañando a la cantante Monia Abdelali, para un encuentro fusión con el flamenco en la Plaza de San Francisco. La fiesta llegará a su recta final de la mano de los cantantes de flamenco pop Maki y María Artés, a las 2:3o horas en La Corredera. Para recoger el testigo del cante jondo el jerezano Ezequiel Benítez a las 3:30 horas en la Plaza del Potro. La clausura de la gran fiesta con el flamenco para dar comienzo al verano será de la mano de Los Estanques y El Canijo de Jerez será a las 5 horas de la madrugada con su ‘Lágrimas de plomo fundido’ en el Alcázar.

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10 marzo, 2026
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Sara Baras ‘flyes’ en Nueva York

Una de las más brillantes exponentes del ballet flamenco nacional e internacional, Sara Baras, presentó su espectáculo ‘Vuela’ en el Flamenco Festival de Nueva York,  en tributo al genio de la guitarra flamenca, su paisano Paco de Lucía. En el New York City Center su obra ‘Inspiration’ abrió el espectáculo con un zapateado tradicional acompañado por Keko Baldomero, director musical de la compañía. Por su parte, el cuerpo de baile interpretó «‘Rhythm’, por rondeñas, con mucho despliegue de movimientos y braceo; muy coordinadas y la luminotecnia logró unos efectos fenomenales, que continuaron a través de todo el estreno en la Gran Manzana, lo que le dio mucha fuerza visual al espectáculo. En ‘Mar Aire’ Sara bailó por tientos con mucha elegancia, siempre entregada con sus movimientos de cuerpo, de falda, su juego de pies muy limpios y con muchos efectos musicales y de luces. Su interpretación del baile, que se logra con los años de angustias y triunfos, estuvo muy a la altura del crecimiento de una gran artista. En un momento de tantos, llevando el compás a palo seco, congeló al público en un movimiento de brazos mirando al cielo, bajando lentamente, hasta terminar con un abrazo. Fue uno de los momentos en que demostró su alto nivel artístico, algo muy difícil de lograr; y la artista lo alcanzó. El público se entregó con una ovación de aplausos y oles. Sara Baras, a lo largo del espectáculo demostró fuerza e insuperable percusión de pies. Keko Baldomero, en ‘Solitude por Soleá’, tocó con mucha nitidez en sus falsetas con un sonido muy musical. El bailaor gaditano Daniel Saltares y Sara Baras interpretaron una seguidilla con mucha técnica corporal, acompañados de una percusión muy acertada. Demostraron ser una pareja que logra esa magia de coordinación de cabeza, pies y braceo con finales muy acertados. Keko Baldomero y Alexis Lefeyre al violín, tocan a una Sara mientras interpreta sus emociones; en especial cuando Alexis toca su instrumento al estilo de la guitarra; y su cambio a violín fue fantástico El cierre por Bulerías  Fly Vuela Destacar el excepcional acompañamiento del cante de May Fernández y Matías López El Mati. Los Mantones salen a relucir con el cuerpo de baile y Sara Baras por bulerías vuela, vuela, vuela… Destacar los diseños escénicos por Ras Artesanos; y de luces por Óscar Gómez de los Reyes y David Reyes. Fueron uno de los elementos más importantes para el juego de luces; en los cierres y cambios estuvieron a la perfección con la coreografía a compás.   Jorge Navarro para Flama Reportaje gráfico: ©️ Festival de Nueva York/MattKaras    

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7 marzo, 2026
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Nueva York celebra la fiesta flamenca con Mikhail Baryshnikov bailando con Manuel Liñán y compañía

La Gala Flamenca que tuvo lugar del 26 de febrero al 1 de marzo en el NY City Center durante el Flamenco Festival de New York, dirigida por el denominado ‘festival favorite’ Manuel Liñán, comenzó con el elenco de artistas alrededor de una mesa como si de una fiesta casera de una boda se tratara, con un pedido a ritmo de bulerías. El bailaor gaditano Juan Tomás de la Molía se levantó y nos deleitó con unos desplantes por bulerías. Lo siguió el granaíno Manuel Liñán, como siempre, con un sonido rítmico y estilo espectacular. Por su parte, el cantaor Juan de la María brilló con su pureza de voz y derroche de energía durante toda la función. En un momento, de sorpresa, Alberto Sellés, ejerciendo de cantaor y bailaor al mismo tiempo, rompió el compás tocando el cajón en un rincon del salón. Se subió a una tarima, y cantó y bailó sobrado de arte, con una voz muy flamenca, con tonos altos; y demostró mucha fuerza en su baile, con una técnica de cuerpo y escobilla impolutas. El joven granaíno José Fermín Fernández, en su solo de guitarra, cautivó al público con su amplio sentido de compás, con falsetas muy melódicas, con una ejecución maravillosa, convirtiéndose en uno de los momentos más destacados del programa. La cantaora Mara Rey nos deleitó con esa voz tan romántica y sensible, y con ese arte que la caracteriza al caminar a través del publico, exponiendo su arte remantando con una pataíta al baile. Juan Tomás continuó, muy relajado, bailando a su aire con mucha seguridad varonil en su juego de pies, muy limpio y fuerte en sus marcajes. Se recoge muy flamenco. Por su parte, Manuel Liñán bailó su tradicional alegría con mantón y bata de cola, demostrando una facilidad moviéndolo a su antojo con mucho arte y control. La fiesta seguía por bulerías, tangos y sevillanas. Con un final de fiesta en el que los artistas rodearon a Mikhail Baryshnikov; le cantaron y le bailaron, quien se unió bailando a su aire en un final maravilloso. El público disfrutó de una velada muy tradicional en concepto. Tocó los principios del flamenco de esas fiestas familiares y de los Cafés Cantantes.   Jorge Navarro para Flama Reportaje gráfico: Christopher Duggan    

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José Maya explora un mundo de oscuridad

En el corazón del Festival de Jerez 2026, la compañía de José Maya estrenó anoche  «Color sin nombre», una creación ambiciosa – de Le Plato Prod – que hace dialogar el flamenco con las artes visuales y el paisaje interior. Inspirado en la obra del pintor Mark Rothko, el espectáculo se construye como una travesía emocional en la que el color se convierte en materia dramática y la danza revela las tensiones del mundo contemporáneo. Desde el inicio, el dispositivo visual desplegado en el Teatro Villamarta impresiona por su riqueza. Proyecciones monumentales que evocan la capilla Rothko sumergen la escena en un universo de campos cromáticos en movimiento. Las imágenes no se limitan a ilustrar la danza: crean territorios sensibles, paisajes abstractos que parecen transformarse bajo los pasos del bailaor. Desde la oscuridad más densa hasta destellos de luz casi espirituales, el espectáculo explora distintos mundos sucesivos, como si se tratara de diferentes estados del alma. En el centro de esta arquitectura visual, José Maya impone una presencia de intensidad extraordinaria. Su baile, visceral e instintivo, transmite la sensación de un cuerpo entregado por completo, como si cada gesto naciera de una necesidad interior. El artista se expone sin reservas: aflora la rabia, el dolor atraviesa algunos momentos y la desesperación de un mundo ensombrecido parece irrumpir en el espacio escénico. Sin embargo, detrás de esta tensión dramática siempre permanece un resplandor, una energía vital que impide que la oscuridad se imponga. La música participa plenamente en esta dramaturgia. El joven guitarrista Marcos de Silva impresiona por una virtuosidad ya muy afirmada, capaz de sostener el baile con precisión y sensibilidad. A su alrededor, las voces de Delia Membrive, José del Calli y Gabriel de la Tomasa, junto con el violonchelo de Batio Hangonyi, tejen un paisaje sonoro denso y profundamente expresivo. Cada músico ocupa un lugar esencial en el conjunto: lejos de ser un simple acompañamiento, la música actúa como una respiración colectiva, creando una verdadera simbiosis con la danza. Uno de los momentos más impactantes llega cuando los cantaores interpretan ‘Calle del Olvido’, popularizada por la gran voz del flamenco de Remedios Amaya. Esta secuencia aporta una profundidad emocional aún mayor al espectáculo: el cante hace resonar al mismo tiempo la belleza frágil de la naturaleza y el dolor provocado por las transformaciones rápidas que la afectan. La escena adquiere entonces una intensidad conmovedora, donde música, baile e imágenes convergen para expresar tanto el asombro como la inquietud ante el devenir del mundo. Pero más allá de la riqueza del dispositivo escénico, José Maya no necesita finalmente más que de sí mismo para conducir al espectador en este viaje. Su cuerpo se convierte en el propio espacio del relato: un territorio atravesado por el caos, por las fracturas del mundo, pero también por la posibilidad de una transformación. Con «Color sin nombre», la compañía firma así un espectáculo profundamente emotivo, donde la potencia del flamenco se encuentra con la meditación visual heredada de Rothko. Una obra que explora la oscuridad sin renunciar nunca a la luz y que recuerda, con fuerza, que el arte todavía puede abrir horizontes incluso en los paisajes más inciertos.   Silvia Badillo para Flama Reportaje gráfico: ©️ Festival de Jerez/Rina Srabonian    

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6 marzo, 2026
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Meet you Yerai

Dentro las actividades del Festival Meet you, organizado por el ayuntamiento y el Teatro Calderón de Valladolid, ayer le correspondió el turno a Yerai Cortés y nos encontramos ¡Vaya si nos encontramos! No adquirió la dimensión épica del encuentro entre C. Tangana y Yerai que, como relata el propio C. Tangana, dio lugar al documental, disco y gira por teatros ‘La guitarra flamenca de Yerai Cortés!’. Empieza el recital con la típica cuenta atrás del lanzamiento de los cohetes y se produce el lanzamiento y ¡qué lanzamiento! La guitarra de Yerai Cortés, sin perder profundidad, parece que vuela, recuerda mucho a Diego del Gastor en su forma de tocar, en la expresión de facilidad y satisfacción con la que toca, y la forma de coger la guitarra con el mástil a cuarenta y cinco grados. Yerai Cortés tiene un estilo propio e identificable, como se pone de manifiesto en sus colaboraciones con Ángeles Toledano en ‘Sangre Sucia’ y con María Terremoto en ‘Manifiesto’. Pasa casi al completo por el disco, con las voces en off de su padre y su madre – fundamentales en esta historia -, así como su relación con Tania, e incluye el tema “Ni en los puertos italianos, ni en los puertos parisinos”, de un trabajo posterior. Lo hace acompañado por un coro de seis voces femeninas, que actúan al unísono con una sorprendente y milimétrica sincronía, así como vigorosas palmas como remate de varios cantes. Soltar ole a tiempo, un jaleo en su momento, es un arte que el coro demuestra dominar de forma sobresaliente. Acaba el recital con ‘Sonar por Bulerías’; y ese “Si algún día me pierdo amarrarme a mi guitarra”, alegato de la importancia de tener referentes y asideros en esta vida, me pregunto ¿Por qué no el flamenco? Con un público enfervorecido, se despiden del escenario con aire a fiesta por bulerías, porque aquello fue una fiesta.   **Foto del mismo espectáculo; pero realizada en el Festival Tío Pepe de Jerez de la Frontera 2025.

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Magnífico Magnificat

El espectáculo ‘Magnificat, de la compañía de María Moreno, se presentó anoche en el Festival de Jerez, conquistando plenamente al público que llenaba el Teatro Villamarta. La bailaora gaditana ofreció una obra de gran madurez artística y de notable riqueza escénica, confirmando no solo la profundidad de su sensibilidad, sino también la solidez de su talento creativo. En esta propuesta, María Moreno guía al espectador a través de un viaje emocional y corporal que trasciende cualquier referencia literal al texto bíblico del que toma su nombre. ‘Magnificat’ se despliega como una celebración escénica en la que el flamenco aparece en toda su complejidad: rigor, libertad, emoción y juego conviven en una dramaturgia viva, llena de matices. Comparte esta experiencia con un grupo de artistas cómplices que sostienen y expanden su universo creativo: el guitarrista Raúl Cantizano, el cantaor Miguel Lavi, el percusionista Roberto Jaén y la intérprete y dramaturga Rosa Romero, entre otros colaboradores esenciales del proyecto artístico. Lejos de constituir un simple acompañamiento, todos ellos dialogan constantemente con el baile, creando una trama escénica vibrante en la que voces, ritmos, palabras y movimientos se entrelazan. El resultado es una obra profundamente humana. ‘Magnificat’ no se limita a una evocación simbólica; se convierte en un espacio de encuentro donde el flamenco se revela como un torbellino de emociones. La pieza está atravesada por momentos de humor, de ternura y de intensidad, logrando que el público oscile entre la risa y la emoción. En este sentido, el tono tragicómico que atraviesa la obra recuerda, por momentos, la tradición literaria española que encarna Miguel de Cervantes en su célebre novela ‘Don Quijote de la Mancha’: una mezcla sutil de grandeza, ironía y humanidad donde lo sublime y lo cotidiano conviven. Como en el universo cervantino, la risa no excluye la emoción, y la emoción no impide la reflexión. Y precisamente eso fue lo que ocurrió en el Villamarta: el espectáculo conquistó al público de tal manera que, al final de la representación, toda la sala se puso en pie para aclamar a la Compaňia María Moreno, reconociendo con una ovación unánime la fuerza, la inteligencia y la belleza de una obra que logra, con naturalidad, unir tradición y creación contemporánea dentro del universo del flamenco. Silvia Badillo para Flama Reportaje gráfico: ©️ Festival de Jerez/Esteban Abión

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Despertar Flamenco con Encarna Anillo

Durante cinco días, en el marco del Festival de Jerez, la cantaora gaditana Encarna Anillo dirigió un taller titulado: ‘Despertar Flamenco, liberación emocional a través del flamenco’. Lejos de un simple curso técnico, el encuentro se convirtió en un verdadero espacio de introspección y despertar emocional. Con gran sensibilidad, cercanía y una notable capacidad pedagógica, Encarna supo acompañar a los participantes — llegados de distintos países — en un proceso de exploración personal. A través del cante, del compás, de ejercicios de reflexión y, sobre todo, a través del cuerpo, fue despertando poco a poco las emociones y creando un clima de confianza que permitió a cada uno expresarse con libertad. Uno de los aspectos más valiosos del taller fue precisamente la calidad humana de Encarna Anillo: su escucha atenta, su generosidad, su forma de guiar sin imponer, invitando a cada participante a encontrar su propia voz. Gracias a esa presencia cálida y auténtica, el trabajo llevó a reflexionar no solo sobre la práctica del flamenco, sino también sobre la necesidad de soltar creencias limitantes que a menudo bloquean la espontaneidad y la creatividad. El flamenco fue aquí el camino y el lenguaje que permitió que ese proceso se realizara: un arte que conecta cuerpo, emoción y verdad, pero también una fuente de encuentro y de compartir, donde el grupo se fue construyendo día tras día en un ambiente de respeto, alegría y complicidad. Al final de estos cinco días, muchos coincidían en lo mismo: más que un curso, habían vivido una experiencia profundamente humana, guiada por la sensibilidad y la autenticidad de Encarna Anillo, recordando que el flamenco puede ser también un camino hacia uno mismo y hacia los demás. Silvia Badillo para Flama

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5 marzo, 2026
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Las cursillistas de Jerez prefieren la ortodoxia…

A mi gusto, el ambiente del Festival de Jerez ya cambió hace un par de años, porque hay aficionados y aficionadas que ya no vienen al festival por diferentes motivos o con los que no coincido, y entonces echo de menos a muchas personas. Es una elección personal, por supuesto, pero a veces te ves obligado a venir la semana siguiente si quieres un profesor concreto… y tenemos que tomar una decisión rápida al respecto porque las plazas se agotan rápidamente, ya que solo tuvimos una semana para decidirlo en septiembre. Además, los espectáculos en Villamarta a menudo no son tanto de flamenco como de danza moderna, lo cual no me gusta. También hay algunos teatros que ya no se utilizan y han encontrado nuevas ubicaciones que están lejos y no son tan agradables ni acogedoras. Hay quejas de otras cursillistas sobre el hecho de que nos obliguen a ir a los espectáculos del Teatro Villamarta todas las noches; nos gustaría elegir a nosotras mismas qué espectáculos queremos ver. He hablado con muchas participantes esta semana y parece que opinan lo mismo. Porque quieren tener un pase con el que puedan elegir, por ejemplo, 5 o 6 espectáculos en los diferentes teatros. Tenemos la sensación de que estamos comprando una entrada de 370 euros por un curso y seis espectáculos en Villamarta, que quizá no queramos ver… Estaría bien que el festival cambiara algo y nos dejara elegir, para que no nos quedemos dormidos en el teatro. Porque, de verdad, ¡no te imaginas cuántas cursillistas se quedan dormidas durante los espectáculos! Es algo muy muy habitual y es una pena. Por otro lado, las cursillistas deberíamos ver los resultados de las encuestas sobre los profesores al final del curso; de esta manera sabríamos cómo los valoran los estudiantes y podríamos basar en ello nuestra decisión sobre el curso de la próxima edición. Astrid van Steen para Flama

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