La voz de caramelo de Montse Cortés cautiva París
Según los meteorólogos, París sufrió la última semana de mayo la mayor ola de calor jamás registrada durante esa época del año. Un puñado de afortunados parisinos no recordarán, sin embargo, los sofocos y la falta de aire acondicionado, sino el momento excepcional que Montse Cortés ofreció durante sus dos recitales en el Teatro Thenardier de Montreuil el 28 y 29 de mayo. El flamenco grande hizo olvidar los rigores del cambio climático. Montse Cortés había cantado en la capital francesa en numerosas ocasiones acompañando a Paco de Lucía y a Antonio Canales, pero no ha sido hasta 2026 cuando gracias a la invitación de la peña más antigua de ese lado de los Pirineos, Flamenco en France, los aficionados de París han podido saborear en toda su extensión el cante en solitario de la gran cantaora catalana. Durante sus dos recitales, Montse supo distribuir con acierto la ternura y la sensibilidad de la vidalita y de su homenaje a Mayte Martín con el flamenco por derecho de su monumental tanda de soleares y su siguiriya. El público conocedor del buen flamenco y, todo hay que decir, ortodoxo, de la Peña parisina vibró con los tangos y bulerías, se emocionó con la malagueña y disfrutó de las alegrías, pero acogió también con los brazos abiertos la incursión de Montse en la fusión de los primeros Ketama. Dominando una gran variedad de estilos y letras, Montse Cortés nos hizo recordar a los grandes: la Niña de los Peines, Camarón, Caracol, Lole y Manuel, transmitidos a través de su voz de caramelo y el secreto que ella guarda para hilar la vulnerabilidad y la fuerza. La propina por fandangos en acústico fue el colofón de una visita que puso de pie a los aficionados flamencos de París. Montse ofreció un reportorio variado y diferente en sus dos recitales, lo cual dice mucho de su enfoque sincero y espontáneo y de su compromiso con la transmisión, más allá de una ejecución técnica milimetrada. Valga una anécdota que ilustra como siente Montse el flamenco: su última actuación en París había tenido lugar en una de las salas más emblemáticas de la capital: el Théatre des Champs Elysées. ¿Cuál es la diferencia, Montse – le preguntamos – entre cantar en un teatro para 2.000 personas y hacerlo en nuestra peña ante 100? “Pues que la sala pequeña me impone mucho más – dijo ella – veo las caras, siento la reacción… la responsabilidad es la misma, pero la dificultad se multiplica”. Y así fue, cada una y cada uno de los asistentes pudo sentir que los cantes de Montse le iban dirigidos directamente, al fondo del corazón. Montse estuvo acompañada a la guitarra por un magnífico Eduardo Cortés, con un toque brillante y personal entregado a realzar el cante. Su solo de guitarra tocando por Levante y engarzando melodías llenas de evocaciones a grandes de la guitarra y a las canciones populares de Lorca recibió una estruendosa ovación de un público que, pasados los días y el calor, continúa hablando de un concierto que quedará en los anales de Flamenco en France. Carlos Conde para Flama

