Adela Campallo emociona con «Ausente» en Suma Flamenca de Madrid: la verdad de una señora del baile
La bailaora sevillana ofreció anoche en Suma Flamenca de Madrid una noche de flamenco profundo, sentimiento y autenticidad, convirtiendo el escenario de la Sala Verde de los Teatros del Canal en un espacio de reflexión, lucha y reconciliación personal. Hay artistas que bailan para demostrar y otros que lo hacen para expresar. Adela Campallo pertenece a estos últimos. Anoche, sobre el escenario, volvió a dejar patente por qué es una de las grandes señoras del baile flamenco. Su propuesta, Ausente, fue mucho más que un espectáculo: una declaración de principios, un ejercicio de sinceridad artística y un viaje hacia lo más profundo del ser humano. Adela no necesita artificios ni engaños. Su baile nace de la verdad, de ese lugar donde el sentimiento se encuentra con el cuerpo y el movimiento se convierte en lenguaje. ¿Es la siguiriya su territorio? ¿Acaso el taranto? ¿O son los romances donde mejor se expresa? La respuesta es sencilla: lo suyo es el baile en toda su dimensión, porque tiene la capacidad de hacer suyo cada palo que interpreta. En Ausente encontramos a una mujer que se levanta después de las caídas, que afronta sus luchas y defiende su identidad con un baile sereno, profundo y cargado de personalidad. Una artista que habla casi en susurros, pero que sobre las tablas es capaz de remover conciencias y sacudir certezas. Adela Campallo es una guerrera de la escena. Su cuerpo transmite la fuerza de quien ha conocido el dolor y ha aprendido a convivir con él. Sus silencios son tan expresivos como sus movimientos. Porque también hay que saber detenerse, respirar y reflexionar antes de volver a arrancar. Y Adela domina esos tiempos con una naturalidad admirable. El espectáculo transita por los territorios de la ausencia, la soledad y el reencuentro. De aquel silencio que un día pudo parecer interminable surge una nueva forma de entender la vida y el arte. Una mujer reconciliada con todas sus versiones: la niña, la madre, la mujer y la bailaora. Todas conviven en un mismo cuerpo y encuentran en el movimiento su mejor forma de expresión. Ausente es, en definitiva, un renacimiento artístico y personal. Una reflexión sobre la necesidad de perderse para encontrarse, de aceptar las heridas y convertirlas en experiencia. Un baile donde el cuerpo deja de ser únicamente instrumento para transformarse en memoria, verdad y esperanza. Pero Adela Campallo no estuvo sola en este recorrido. La acompañó un extraordinario grupo de artistas que supo comprender y engrandecer cada instante de la propuesta. Tres voces con personalidades bien diferenciadas: la energía y expresividad de Pepe de Pura, el dominio escénico y la sensibilidad cantaora de Jesús Corbacho, y la entrega absoluta de Sebastián Sánchez. A ellos se sumó la guitarra de Juan Campallo, solemne, precisa y cargada de intención, capaz de crear momentos de especial intensidad y belleza. Una guitarra que no se limita a acompañar, sino que dialoga con el baile y participa de su discurso emocional. Cuatro artistas que, lejos de buscar protagonismos individuales, consiguieron fundirse en una sola expresión flamenca, construyendo el acompañamiento ideal para una bailaora que conoce perfectamente el valor del cante, el toque y los silencios. Adela Campallo dejó sobre el escenario una lección de madurez, elegancia y conocimiento. Sin necesidad de excesos, sin buscar el aplauso fácil y con la seguridad de quien sabe que el flamenco verdadero no necesita explicaciones. Porque hay bailaoras que ejecutan el baile y otras que lo viven. Adela Campallo pertenece a esa estirpe de artistas que hacen de cada movimiento una confesión y de cada silencio una verdad. Y anoche, en Suma Flamenca, volvió a quedar demostrado: Adela Campallo es, por derecho propio, una señora del baile. Juan José Gil Sánchez para Flama

