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La Saeta y el flamenco

Empieza: 09 febrero 2018
Termina: 01 abril 2018
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La riqueza de la música andaluza alcanza posiblemente su máxima expresión en el flamenco; y debido a su diversidad hace que se manifieste de diferente forma en distintos lugares y épocas. En la primavera, la Semana Santa constituye una manifestación esencialmente católica, donde la música flamenca se transmita a través de la saeta. Solo se canta, tradicionalmente, en esos días, y como estilo ha sido interpretado tanto por cantaores como por intérpretes no estrictamente flamencos, y en algunos casos ajenos a cuestiones religiosas. Sevilla, Marchena, Jerez de la Frontera, Lucena, Arahal, Cádiz, Lebrija, Córdoba, Granada, Málaga, Ronda, Cartagena, Puente Genil… curiosamente, el flamenco es casi todo saeta.

Desde un punto de vista flamenco, la saeta es cante con copla de cuatro o cinco versos octosílabos, que tiene su origen en el aflamencamiento, a comienzos del siglo XX, del cántico popular del mismo nombre y que, fundamentalmente, se canta por siguiriyas, martinetes, soleá o carcelera. Posiblemente, el origen de la saeta está en las Coplillas que cantaban o recitaban en los siglos XVI y XVII los Padres Franciscanos.

A esto hay que añadir la influencia musical árabe y judía. EN la corriente árabe, representada por los cantos de los almuédanos, que llamaban a la oración a los fieles musulmanes; y en la judía, representada por las salmodias que se cantaban en las sinagogas.

Hacia mitad del siglo XIX aparece la Saeta primitiva, cantada no ya por el nazareno o del denominado hermano, sino por el pueblo anónimo, espontánea, desde la casa o el balcón, la calle o la iglesia; y a principios del siglo XX nace la saeta flamenca, fijándose entre Jerez y Sevilla.

Los cantaores y cantaoras flamencos y flamencas bebieron de esas saetas antiguas, y surge la saeta flamenca. En este sentido, cabe mencionar al cantaor sevillano El Mochuelo, que seguramente fue el primero en grabar este estilo de saeta. Asimismo, son también muy ricas las aportaciones de La Rubia, Amalia Molina, Encarna La Finito, Escacena, El Cojo Málaga, Niño del Genil, Teresa España y La Serrana, junto a Manuel Centeno, Manuel Torre, Niño Gloria, Vallejo y la Niña de la Alfalfa, todos ellos sobre todo en la denominada saeta por seguiría. El preciosismo barroco, la amplitud de matices, así como sus valores históricos y culturales convierten a la saeta en una joya del patrimonio andaluz.

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