Opinion

Miguel Márquez – Antílopez. Músico

1 Diciembre, 2014

El flamenco es una de las raíces necesarias para la cultura musical y todos los cantes con alma, puros, proveniente de la gañanía del ser, su soledad y vacío existencial en su hábitat.

Hay quien dice que quien no entiende el flamenco no tiene corazón o no siente de la misma forma. A mi desde luego me apasiona.

No creo haberlo escuchado todo ni mucho menos, pero he escudriñado todos los archivos que he podido y es impresionante comprobar su evolución en el tiempo en lo referente a cante, toque, danza y percusiones. Es una lucha incesante por abrirnos paso a través del sentimiento, las soledades, las ganas de compartirlas. Y una eterna pelea entre los viejos sabios , pioneros y la juventud descarada y transgresora que quiere hacer volar los palos hacia otros lugares del mundo, dotándolos de otras sensibilidades y más precisas subdivisiones.
Si tuviera que criticar algo sería las letras de hoy día. El flamenco va como un cohete gracias a las nuevas generaciones, la transmisión del duende y gentes que lo estudian no cesan, pero a menudo tienen que recurrir a frases, poemas y sentires ya escritos en otra época, no sentidos, no experimentados en las propias carnes. No hay muchos autores que estén actualizando el flamenco a las soledades cotidianas letrísticamente.

Si tuviera que elegir, lejos de todo virtuosismo, me quedaría con el flamenco de autor. Del que se levanta flamenco, se siente flamenco, vive flamenco y muere flamenco. Ese legado. El flamenco es tan grande que en ÉL tienen cabida lo sencillo y lo elaborado. Lo único que importa es que sea VERDAD.

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