Opinion

María Pulido. Codirectora Acacias 38

2 marzo, 2016

Una vez que vi una cosa muy chula en un directo de Niña Pastori en un festival que era de todo menos de flamenco. A principio de los 90, en Granada, una gente muy pionera organizaba un festival de música que lo mismo programaba a Neil Young que a Enrique Morente… el Espárrago Rock.

Y esto es lo que se debió de encontrar la Niña Pastori, que por entonces lo era  (niña, y mucho) porque se le quedó la carita blanca cuando nos vió allí a todos mirando muy serios para ella. La chiquilla se armó de valor, de honestidad, y dijo por el micro que nunca había tenido un público como nosotros y que no sabía muy bien qué cantarnos… y luego, sin mucha confianza, se puso a cantar. Y lo hizo como los ángeles.

Y pasó lo que pasa a veces con la música en directo y siempre con el flamenco, que se convirtió en el idioma que entiende cualquiera que algu  na vez le haya dolido algo, o haya sentido cariño, o alegría y ganas de estar contento… La Niña se metió en el bolsillo a aquel público inexperto pero atento y respetuoso, por muchas crestas y mucha bota que llevara.

Y así es como, queridos, como dice Madonna, la gitana del pop: music makes the people come together.

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