Opinion

Javier Coronas. Humorista

4 marzo, 2013

En el ranking de personas que menos pueden opinar del flamenco, creo que ocupo uno de los cinco primeros puestos de la lista. Si tengo que buscar relaciones entre el flamenco y esta persona, podría argumentarlo diciendo que voy al mismo peluquero que  José Mercé, o que ahora mismo estoy escribiendo este texto encima de un cajón flamenco, que aporreo entre guión y guión, mientras escucho música.
Me encanta la percusión, y eso me viene heredado de mi lugar de nacimiento. Yo nací en un barrio de Barcelona llamado ‘El Carmelo’, la música que se escucha en las calles era la rumba. Conocí antes a Los Chicos, Los Calis, Peret, Gato Pérez que a Camarón. Me saqué el primero de palmas con un 7,5 y esas dosis de rumba, me abrieron la ventana para interesarme por el flamenco. Comencé a escuchar Triana (unos de los mejores grupos de la historia para mi gusto), y me empapé de Camarón como si lo fueran a prohibir al día siguiente.
Por mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer y cantar en conciertos con grandes artistas a los que admiro, el gran Raimundo, Los Delinqüentes, o Muchachito Bombo Infierno, algo que esta mente perversa nunca hubiera imaginado. Solo por eso, estar una tarde dando palmas en un parque, ya merece la pena.

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