La Vanguardia. 10/07/2012

La música de protesta en EE.UU. se ha alimentado del folk, blues, gospel, hillbilly… Una “historia subterránea de mi música”, según resumió Bob Dylan, Fue una búsqueda imposible pero necesaria de lo auténtico pese a que el folk auténtico -tal y como lo definía el famoso etnomusicólogo Alan Lomax- era una construcción más bien artificial.

De modo que no es de sorprender que, en Sevilla, el innovador grupo activista Flo6x8 proceda del mundo del flamenco, sujeto, a lo largo de las décadas, al mismo debate complejo sobre la autenticidad.

Utilizando el cante jondo y el baile en protestas espontáneas contra la banca, Flo6x8 ha causado sensación en internet, dentro y fuera de España tras circular una docena de vídeos de sus actuaciones.

A principios de junio, tres cantaoras conocidas como Las Primas por las Nubes realizaron cuatro actos de protesta flamenco en oficinas bancarias en el centro de Sevilla. “¡Goirigolzarri! ¡Dime!”, cantó una de las primas. “¿Por qué te jubilaste? / si con el dinero que gastaste,/ se quitaría el hambre en el mundo”. Se refería a la mega pensión del nuevo consejero delegado de Bankia que -una vez que haya terminado la gestión del rescate multimillonario de Bankia- cobrará una pensión del BBVA de tres millones de euros al año durante 15 años.

En otra actuación, el cantaor Pincho de Leche irrumpe en la oficina de Bankia con unas bailaoras y entona una nueva versión de los fandangos interpretados en su día por Juan el Camas (1928-2008), y antes por Bizco Amate a principios de siglo. “Desde que tienes dinero no se te puede aguantar”, cantó. Un sentimiento muy contemporáneo. Pero Flo6x8 ha ajustado la protesta al momento. “¡Rodrigo!”, cantó Pincho de Leche, ahora en referencia al exconsejero delegado de Bankia, al que Goirigolzarri ha sustituido. “Tienes seis pulmones; yo sólo tengo branquias”. Y, para el asombro y deleite de los clientes de Bankia presentes, cinco o seis bailaoras de Flo6x8 disfrazadas de clientes salen a bailar. “El cuerpo de una bailaora es un cuerpo rebelde que choca con la corporalidad capitalista”, dice Pepe, uno de los activistas de Flo6x8 que tiene su propio mote: El Moody’s, en referencia a la agencia internacional de calificación de deuda. “El flamenco tiene un pasado super político”, dice. “Los cafés-cantantes tenían mucha crítica social”. Eso fue entre 1855 y 1920.

De una manera parecida al folk en EE.UU. el flamenco fue cooptado y convertido en una música de patriotismo populista, aunque con un componente kitsch que jamás le habría pegado a Woody Guthrie. El flamenco fue la víctima más abusada del secuestro del folcorismo español que tanto horrorizó a Lomax cuando visitó España en 1952 tras catalogar el folk americano en los años anteriores (grabó, entre otros muchos, a Woody Guthrie).

Pero ya en los años de la transición, el flamenco había recuperado su grito de protesta social. Citado en Memoria del Flamenco, de Félix Grande, el escritor Jose Monleón advierte ya en 1972 que finalmente “el quejío enraizado está sustituyendo al quejido comercializado; y que nadie objete la perogrullada de que el cante no es la política”.

Ni Grande ni Monleón pudieron imaginar jamás como sería el quejío del 15-M sevillano. “Queremos mezclar el flamenco con los cuerpos cyborg de William Gibson”, dice El Moody’s. “Estamos diseñado nuevos géneros; el flamenco en taxi y en cajero automático”, añade, cumpliendo con la norma de que -como Dylan entendía más que Lomax-, toda expresión seria de arte de protesta debería evitarse tomarse muy en serio.