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FESTIVAL FLAMENCO NÎMES. Andrés Marín, perdido y hallado en el templo

20 enero, 2016

No es una casualidad que el Museo Picasso de París le encargue una obra al bailaor sevillano Andrés Marín. Es una causalidad y el efecto reflejo del respeto que siente el público francés por este joven bailaor, uno de los pocos baluartes cabales del flamenco vanguardista. Pero claro, desde el gran conocimiento de la raíz; ya que Andrés sabe perfectamente ligar los tercios del baile flamenco; aunque sea a base de constantes sketches de hondura sampleados con guitarra eléctrica, zanfoña y lo que le dé la gana. Porque Andrés ha llegado a un punto que tiene eso, Carta Blanca, nombre del espectáculo realizado para el renombrado museo parisino y que ejecutó el pasado día 19 en el Théâtre de Nîmes, dentro del 26 Festival Flamenco de Nîmes.

La obra, como no podría ser de otra forma, ha evolucionado desde su creación. Marín no tiene fronteras y, cual David Bowie (DEP), es un camaleón (llegó a ponerse un sombrero de papel a lo arlequín, vestirse de vaca con cencerros incluidos…). Va transformando según lo siente. No está atado a nada, ya que el conocimiento que tiene del cante (se pegó una pinceladita por soleá; como suele hacer) y del baile le da alas para introducirnos a todos en un universo que desconocemos, pero en el que nos dejamos llevar.

Andrés sabe rodearse. Cante por soleá, siguiriyas, la caña, bulerías… José Valencia y Segundo Falcón, ambos hicieron una gran muestra de varios cantes, acompañados por las guitarras eléctricas de Raúl Cantizano (gurú de la guitarra de vanguardia) y Salvador Gutiérrez. Y Andrés a lo suyo, del flamenco al rock y al jazz sostenido (hubo algún momento que me recordó la obra Omega de Enrique Morente); pero siempre a compás. No pregunten cómo lo hace. Y el flamenco lucha por salir a flote en este mundo global y glocal, a la vez. Carta Blanca.

El espectáculo parece que estaba divido en dos partes. Me quedo con la segunda, en la primera abusó del taconeo y poco braceo (lo contrario del baile sevillano, precisamente). Pero en la segunda parte del espectáculo todo cobró sentido. Andrés gusta al ortodoxo y al heterodoxo. Esa es la cuestión. Minimalismo instintivo. Mensajes encriptados.

Parece que Andrés se desvive por mostrarnos que el flamenco es lo personal, como cada uno lo vive, y sus espectáculos parecen una constante lucha por ver esa luz que todos esperamos cuando nos sentamos en una butaca de un teatro.

En el cante por bulerías de José Valencia, parece que llega el clímax. Andrés baila en medio metro cuadrado. Se gusta. Y, por fin, levanta los brazos para que veamos que sabe, pero que no le da la gana. Es todo un puzzle en el que hay que componer las piezas para ver la imagen final. Es más, el público comenzaba a aplaudir, y se paraba. No sabía cuándo tenía que agradecer tanto arte. Porque no había ni entrada ni salida. Había Carta Blanca.

Isidoro Cascajo

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CARTA BLANCA

CHORÉGRAPHIE ET DANSE ANDRÉS MARÍN
ASSISTÉ DE SALUD LÓPEZ

AVEC

JOSÉ VALENCIA ET SEGUNDO FALCÓN, CHANT (ARTISTES INVITÉS)
SALVADOR GUTIERREZ, GUITARE FLAMENCA
DANIEL SUÁREZ, PERCUSSION
JAVIER TRIGOS, CLARINETTE
RAÚL CANTIZANO, VIELLE À ROUE ET GUITARE ÉLECTRIQUE

LUMIÈRES IVAN MARTIN
SON FALI PIPIO

MARDI 19 JANVIER 2016 20H
THÉÂTRE BERNADETTE LAFONT
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