22 FESTIVAL FLAMENCO DE NÎMES. 19/02/2012
Texto: Isidoro Cascajo.
Foto: Félix Vázquez.
Aunque parezca mentira, Israel Galván nos sigue sorprendiendo. Desde el primer momento, incluso antes de salir al escenario, la expectación está servida: nos vemos ante el esqueleto del escenario del teatro cual loft de Nueva York en una película yanqui de los 80. La Curva, como se llama el espectáculo, está basado en una obra de Vicente Escudero (curiosamente, autor del cartel del Festival de Nîmes) de los años 20 del siglo XX.
Un escenario sin adornos, ya que el interés está en los presentes: la gitana pura Inés Bacán, y el genuino Bobote. Solo con su presencia, ya pueden dar piruetas en el escenario, que el flamenco es flamenco.
En este caso, Israel Galván ha tirado de las cuerdas, pero de las del piano de Sylvie Courvoisier, genial.
El Teatro de Nîmes a rebosar (más de 800 personas), después de una semana en París. Galván gusta en Francia. Y en España, Holanda, Bélgica, Alemania… Es el momento de la renovación del baile flamenco, e Israel tiene mucha culpa, al igual que su compañero (y vecino de la Macarena -Sevilla-) Andrés Marín. Flamenco introvertido.
Houria Marguerite, responsable de prensa del Teatro de Nîmes, nos comenta que el FESTIVAL FLAMENCO es el acontecimiento cultural más importante de la ciudad. “Antes había uno importante de jazz y de músicas del mundo, pero el de flamenco se ha convertido en el más importante, más largo (más de 10 días) y el congrega a más gente”.
Israel solo dice dos palabras en todo el espectáculo: “taxi” y “flamenquín”. Suficiente. Su especialidad es su cuerpo. En perfecto contraste con Galván, Bacán despierta la fuerza de la raza. Cantes sin acompañamiento, cantes de fragua, soleá, nana, sevillanas… Todo en perfecta combinación. Y Sylvie jugando con Israel. Minimalismo con pellizco.
Sobriedad y guiños de humor. Se pasa del riesgo (Israel juega con el equilibrio, subido a mesas o sillas) a la risa en milésimas de segundo. Guiños constantes, ante dos testigos: Inés y Bobote.
Algo que no podemos pasar por alto: el genial sonido del Teatro de Nîmes. Es increíble que suene mejor que el mismísimo Maestranza de Sevilla, cuando de flamenco se trata.
















