He estado unido al flamenco desde chiquitito. Me he criado en el Polígono Norte de Sevilla, rodeado de gitanos. De chico recuerdo que casi iba en pañales y estaba escuchando a mi vecina cantando por la gente de Lebrija, de Marchena… escuchando el flamenco más puro.

La alegría en mi casa es cuando se ponía a cantar la gente por bulerías. De ahí vengo.

Luego mi padre es un amante de manolo caracol, con lo cual, imagínate… y yo al final he acabado siendo medio fan de Bambino.

Lo que más me enamora es el compás, y como se siente, desde las entrañas. Hay flamenco académico, pero para mí tiene que ver más con lo que uno sienta en el interior. Lo importante es tener compás o no tenerlo en la vida, en todos los sentidos. El compás es fundamental a la hora de contar cualquier historia artística. El cine que yo hago es un cine de compás. Y si veis la película ‘El Mundo es Nuestro’ (ahora en los cines), lo más importante es que todos los actores están a compás. A veces una alegría se convierte en bulería y pasa por soleá. Tiene todos los compases del flamenco.

Al final lo importante es dar unión a todos esos compases. El flamenco está muy presente en mi obra.

En el baile me gusta El Pipa, es el bailaor más elegante que hay. Un saber estar. Me encanta. Y luego me podéis llamar hortera, pero yo soy un fan absoluto de Miguel Poveda. Lo que hace es excepcional. Se le puede tachar de comercial, que imita… pero él está buscando su estilo propio, lo que pasa es que es canta por los estilos de muchos. Es joven, pero dentro de unos años será uno grande grande, y encontrará su estilo propio, y de ahí no saldrá.