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Flamenco, ¿Arte o Folclore?

Empieza: 04 mayo 2017
Termina: 31 mayo 2017
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La música flamenca parte de la fusión de la música occidental con la oriental que imperaba en el folclore de nuestra tierra en la época de su nacimiento. Diversos estudios musicológicos, (Falla, Pedrell, Dionisio Preciado, Sabas de Hoce, Lola Fernández, J. Miguel Jaramillo…) demuestran que el sistema armónico del flamenco se forma con dos tipos de tonalidad: Modal y Tonal.

El primero se basa en la armonización de los cuatro grados correspondientes al modo frigio griego: Mi, Fa, Sol, La; con la particularidad de que entre el primer y el segundo grado tiene una distancia de medio tono. Esta estructura musical, traída por los romanos desde Bizancio, imperó en Occidente hasta que, durante el Renacimiento, la música culta se ordenó a favor de la escala diatónica de doce intervalos cromáticos iguales. No obstante, pervivió en el folclore de España, sobre todo en Andalucía, que es donde ha estado presente durante más tiempo y de una forma más significativa. De ahí que  dicho sistema se denomine Cadencia Andaluza. Utilizan esta armonización algunos de los palos significativos del flamenco, como la seguiriya, la soleá y los tangos. Aunque otros, como las bulerías, peteneras, o caracoles, han llegado a utilizar indistintamente los dos sistemas. Ello se debe a que la música flamenca, como reconoce Jaramillo, se conforma en Andalucía a partir de la evolución y modificación de los diferentes estilos folclóricos musicales que subsistían allí a finales del siglo XVIII y principios del XIX. Formas musicales que rebasaron la frontera del folclore para convertirse en una manifestación artística individual vinculada al territorio andaluz y a su cultura popular, ya que surge y se desarrolla en Andalucía y se transmite de forma oral.

He ahí la clave sobre la condición folclórica del flamenco. Muchos de los estilos que conocemos hoy como flamencos nacen de la particular recreación que hicieron de algunos estilos folclóricos determinados artistas, entre las que había una fuerte presencia de etnia gitana. En un momento determinado de la historia, muchas de esas figuras hicieron del flamenco un medio de vida, o lo que es lo mismo, trasvasaron las barreras del ámbito festivo y ceremonial hasta convertir al flamenco en un fenómeno profesional y competitivo que dio lugar a la fijación de su corpus a principios del siglo XX. Ya a finales del s. XIX los artistas flamencos se ganaban la vida en las tabernas y los cafés cantantes, un ámbito de actuación liderado por el cantaor Silverio Franconnetti, que por cierto no era gitano. Como tampoco lo era El Mochuelo, uno de los primeros en grabar su cante en cilindros de cera.

Gracias a ellos y a otros muchos artistas, el flamenco se confirmó como un fenómeno de creación individual plenamente profesional. Sin embargo, todavía hoy en día su música sigue sin escribirse en partitura y su aprendizaje sigue teniendo un fuerte componente ritual, entendiendo el rito como un marco simbólico de actuación. He ahí la singularidad y la hermosura del flamenco, un arte escénica que es a la vez moderna y tradicional.

Lola Pantoja, investigadora.

Imagen: Juana La Macarrona. 1935. Archivo Serrano.

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